Editorial

Yineris y Natacha

Yineris y Natacha

Martina Natacha Féliz se convirtió en la segunda estudiante universitaria que cae abatida a balazos   en fuegos cruzados escenificados por  pandilleros que han convertido amplias franjas poblacionales en  infiernos donde la vida no vale nada.

 Yineris Altagracia Díaz, de 22 años, estudiante de medicina, cayó abatida de un disparo a la cabeza la madrugada del lunes pasado  cuando  varios sujetos  tiroteaban a un individuo que viajaba en una  motocicleta, en el ensanche Ozama.

Natacha, estudiante de término de ingeniería civil y empleada del Palacio Nacional, también fue impactada por una bala durante un tiroteo entre bandas de narcotraficantes, en el sector Las Caobas, de Santo Domingo Oeste.

 La muerte de esas dos valiosas jóvenes  enluta a una sociedad  virtualmente secuestrada por la violencia y  criminalidad, sin que las autoridades puedan contener el  terror que imponen grupos de  antisociales, ligados al narcotráfico y a la comisión de asaltos, atracos, secuestros y violaciones.

Como ejemplo del creciente estado de inseguridad pública se menciona   el  prolongado  choque a balazos  entre narcotraficantes que intentaron secuestrar a un herido que  era atendido en la emergencia de la Clínica Cruz Jiminián.

Yineris regresaba  a su hogar desde su lugar de trabajo, cuando una bala   penetró por su cadera derecha y le perforó la arteria ilíaca. Natacha caminaba junto a una amiga, cuando  cayó mortalmente herida por el impacto de una bala en la cabeza.

Las tragedias de  Yineris y Natacha deberían estremecer  la conciencia nacional y obligar a Gobierno y sociedad a acometer una intensa jornada  para recuperar los espacios públicos hoy bajo control  del  pandillerismo.

Sin temor a exagerar, puede decirse que  en la mayoría de los barrios populares y en no pocas comunidades de provincia, el narcotráfico  se ha convertido en ley, batuta y constitución.

  Tanto se han expandido la violencia y la criminalidad que  no hay madre ni padre que llegue a respirar  con normalidad hasta  ver a sus hijos de retorno al hogar.

Que no se hable más. La sociedad reclama de la Policía y el Ministerio Público mayor determinación y coraje contra el crimen y el pandillerismo.

El Nacional

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