Rescatan mansión de doña Emilia



La mansión en ruinas que perteneciera a la distinguida y aristocrática dama doña Emilia Jimenes, hija del presidente Juan Isidro Jimenes Pereyra, en la ciudad de San Fernando de Montecristi, frente al parque donde se yergue el famoso reloj público, será restaurada.

La noticia, que me anegó de alborozo, fue insertada en Hoy del 17 del presente mes, luego de verificarse una reunión con ese propósito, en la mansión en ruinas, que presidió el ministro de Cultura, José Antonio Rodríguez, a restaurarla Patrimonio Monumental.

El ministro de Turismo, Francisco Javier García, ofreció aportar los recursos para restaurar la majestuosa joya aquitectónica, traída desmantelada desde París en 1895, y edificada con la pericia del maestro constructor Roderick Arthur, que armó decenas de casas victorianas en Puerto Plata, cuando este puerto y el de Montecristi, eran los dos de mayor movimiento de carga del país al finalizar el siglo XIX e inicios del XX.

Con esa inquietud conversé breve con Francisco Javier,  y prometió contactarme para ampliar el tema.

Doña Emilia casó muy joven con el prestigioso munícipe y empresario montecristeño don Rafael Rodríguez Camargo, que construyó el tranvía que conectaba al pueblo de Montecristi con el puerto y la playa Juan de Bolaños, y que, paradoja del destino, murió aplastado por el tranvía que construyó.

La mansión de doña Emilia Jimenes fue usada en una ocasión como oficina de José Arismendy Trujillo Molina (Petán), cuando era colono de la Genada Company, y luego como sede de la judicatura montecristeña.

El doctor Euclides Gutiérrez Félix, que cursó el bachillerato en Montecristi cuando su padre era jefe de guardacampestre de la Grenada Company, y se paseaba por Montecristi los domingos con finos caballos de la frutera filial de la United Fruit de Boston, seguro que debe cosquillearle la  nostalgia como historiador superbo é hijo adoptivo de Montecristi, sería la figura clave con Francisco Javier y el ministro de Cultura para restaurar la mansión de doña Emilia Jimenes y convertirla en el Museo Histórico de Montecristi.

Valor arquitectónico

Esta casa, también conocida como Villa Doña Emilio, perteneció a la acaudalada familia Rodríguez Jimenes, declarada monumento nacional por su extraordinaria significación histórica y arquitectónica, permanece sometida al abandono y al saqueo en diversas oportunidades, de sus valiosos elementos decorativos originales y de su madera preciosa.

En piezas prefabricadas, fue importada desde Francia en 1895, esta singular residencia de estilo Victoriano, correspondiente al segundo imperio francés, con techo mansard, pisos de madera decorada, ventiladores de hierro y madera sobre las puertas ornamentales en arco de medio punto; sótano, enverjado ornamentado en hierro; en su segundo nivel las paredes acorazadas en su exterior por planchas decorativas de cinc en forma de pescado.

De esos elementos originales, quedan muy pocos, para no pecar de pesimista.

Está instalada frente a su contemporáneo Reloj Público y al cuasi nonagenario Club del Comercio, en la calle Duarte esquina Federico de Jesús García, de la Ciudad del Morro.

Su propietaria original, fue una notable munícipe que contribuyó con la historia y la época floreciente de la ciudad de Montecristi y ostensorio de la prosperidad de la región, junto a su hermano el presidente de la República (1899-1902) Juan Isidro Jimenes.

Compañera de Rafael Rodríguez Camargo, ligado a la gesta de la Restauración de la República, quien proporcionó gran bienestar a la ciudad con la instalación del ferrocarril, vestigio de la época de esplendor de Montecristi, bien calificada como la “Era del Campeche”.

En honor a su propietaria, corresponde el nombre  “Villa Doña Emilia”, residencia de la que Petán Trujillo logró una venta forzada a su favor, por su gran influencia política en aquel tiempo de la férrea tiranía que por más de 30 años encabezó su hermano Rafael Leónidas Trujillo Molina.

En esa ocasión se perdieron valiosísimos elementos decorativos originales, registrándose así el primer acto de saqueo a la hermosa y ornamentada Villa.

Desaparecido el oprobioso régimen dictatorial, la casa pasa a ser propiedad del Estado, destinándosele al Palacio de Justicia hasta 1990.

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