Opinión Editorial

Abril por siempre

Abril por siempre

La Revolución de Abril de 1965, uno de los episodios históricos más relevantes del siglo XX, del que hoy se conmemora el 61 aniversario, quedó impregnado en la memoria nacional como una insurrección cívico militar que tuvo el propósito principal de reponer al derrocado gobierno de Juan Bosch y la Constitución liberal de 1993.

Entre tres mil a cinco mil personas murieron  en los casi cinco meses de esa  revuelta, que cuatro días después se convirtió en guerra patria por la segunda intervención militar de Estados Unidos ordenada por el presidente Lyndon B. Johnson, con el evidente objetivo de malograr el retorno a la constitucionalidad.

El liderazgo de esa rebelión fue asumido por el coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó, ante la ausencia del coronel Rafael Tomás Fernández Domínguez, líder del movimiento de militares constitucionalistas,  quien murió el 19 de mayo de 1965, en combate por la toma del Palacio Nacional.

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Miles de hombres y mujeres, la mayoría sin entrenamiento militar, enfrentaron gallardamente, junto a tropas leales a la Constitución, a 42 mil marines  estadounidenses y militares de otros países que legalizaron la afrenta intervencionista con el ropaje de Fuerza Interamericana de Paz (SIP).

Presentes y futuras generaciones deberían saber que ese episodio bélico estalló, no sólo con el objetivo de reponer al derrocado gobierno de Bosch y restablecer la Constitución política, sino también contra la corrupción, la represión y la crisis económica generada por el Triunvirato golpista.

Se atribuye al periodo de la Guerra Fría y a que la revolución cubana llevaba seis años de conquista del Poder, la intempestiva intervención militar estadounidense ordenada por el presidente Johnson, justo cuando el lado constitucionalista se acercaba a la victoria militar y política.

A más de seis décadas de un episodio que  dividió a las Fuerzas Armadas y cuya estela de violencia y represión se extendió por al menos 12 años, es de justicia reconocer que el bando militar encabezado por el general Antonio Imbert Barrera y el coronel Elías Wessin y Wessin  se insertó en el accidentado proceso democrático.

Una nación  agradecida y orgullosa rinde tributo hoy a héroes y patriotas que  formaron parte de una gesta que procuró el retorno de la democracia y enfrentó con denodado valor y dignidad a tropas invasoras que por segunda vez mancillaron la soberanía nacional. Que no se olvide nunca que el movimiento constitucionalista  se levantó contra  la represión, la corrupción y la injusticia.

El Nacional

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