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Aproximación y conciliación en Lezama Lima

Aproximación y conciliación en Lezama Lima

Cuando José Lezama Lima (La Habana 1910-1976), cubano de todos conocidos, señala en “Imágenes posibles” que “en toda metáfora hay como una suprema intención de lograr una analogía de tender una red para las semejanzas, tiene que ver con una forma de acercamiento, para precisar cada uno de sus instantes, con su parecido…”, considero que nos acerca al orbe de su construcción del poema, esa red para las semejanzas que tiene que ver con una forma de acercamiento o encuentro donde se tiene que nadar contracorriente boca arriba y remontar la infancia por medio del texto como epifanía o paraíso perdido.

El señalamiento de vivencia cotidiana anterior busca especificar que la obra de Lezama Lima es una aventura del ser, vaya qué aventura. Su universo poético procura encontrar su centro en el sentimiento, el ánimo, en las experiencias más íntimas de lo religioso moral, según el decir del filósofo alemán Wilhelm Dilthey.

A partir de la duda se explicita la religión en su más acabada experiencia, que reguarda su poética, lo que es lo mismo la hace contradictoria, viva, fluyente. A saber: Lezama Lima no es un poeta religioso ni moral, sino que él hace posible la expresión de lo imaginario de la religión y la moral como entes vivos que les sirven para resguardarse de sí mismo, de su íntima convicción autodestructiva, de sus tentaciones y concupiscencia. Hay en el poeta una complacencia casi religiosa moral a la palabra sin desemejanzas, que deviene en una “aventura sigilosa.” del verbo y la palabra.

Un hombre que haya tendido una red a lo religioso moral, es conciencia metafísica de sí mismo para la creación del poema, del ensayo, de la prosa novelística; en cambio, si están separadas deviene en crisis, en conflictos internos.

José Lezama Lima es el gran poeta, gracias a esa dualidad religioso-moral, que comprende a cabalidad su inteligencia creativa.

Poeta de “vivencias oblicuas”, de “infinitos paredones”, de un yo autocomplaciente en lo verbal atroz y maravilloso. Habitante de las orillas del río crecido de la creación en los géneros que se desenvolvía con soltura y maestría sin par. Sus temas son, aparentemente más antipoético que pueda imaginarse, donde pueden servir de pretexto a combinaciones múltiples y profundas.

Lezama Lima teje y oscurece series de referencias personales, lecturas, sueños, premoniciones, deseos… al sol tropical y echado a andar con la lámpara de Diógenes, busca y encuentra al poema, a la prosa tanto ensayística como narrativa como un ser orgánico y metafísico a la vez, con el deseo latiendo en cada palabra entretejida, mutilada en su sentido más prístino, órfico e insular.

Dios del caos, porque el poema en él se constituye en un pulpo, en una medusa que, si queremos tocarla, nos sacude, al igual si son ellos que nos tocan.

Metafísico, esta conciencia metafísica “muestra un ciclo de símbolos constante” (W Dilthey).

Todo Lezama Lima es una permanente conciencia suprema: “Así el espejo averiguo callado, así Narciso en pleamar fugó sin alas.”

Todo Lezama Lima es aproximación y conciliación en su red barroca impenetrable que constituye su universo poético del cuerpo espiritual, para la resurrección y no para la muerte.

La primera aproximación es verbo; la segunda conciliación, cotidianidad. Su “oscura pradera me convida”, los mundos que interrelaciona, sugiere, enriquece, es su conciencia metafísica. 

Amable Mejía
amablemejía1@hotmail.com

El autor es escritor.

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