Fotografía de archivo de personas caminando por el barrio Nazon en Puerto Príncipe (Haití). EFE/ Mentor David Lorens
Abandonado a su suerte por la comunidad internacional y por sus élites, la Asociación de Estados del Caribe ha entendido la necesidad de asumir la causa haitiana para evitar que el país pierda los endebles resortes institucionales con que cuenta.
La escasez de recursos para satisfacer las necesidades de las grandes mayorías es hoy uno de los principales problemas de la nación haitiana. De ahí derivan crisis como la alimentaria y la sanitaria, agravadas por la violencia y la inseguridad protagonizadas por las pandillas.
Los aportes financieros de la comunidad internacional indican que le importa muy poco la crisis haitiana. De 908 millones de dólares solicitados en 2025 para enfrentar el drama humanitario, apenas se desembolsaron 23.9.
La dura realidad ha motivado a los Estados caribeños a jugar un papel más protagónico frente a la crisis haitiana al asumir el compromiso de no dejar atrás a ninguno de sus miembros.
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Si les interesara, hace tiempo que Estados Unidos y las grandes potencias hubieran encontrado una salida para acabar con la violencia y restaurar la seguridad y la gobernabilidad en el vecino territorio.
