Para generaciones adultas y mayores atestiguar la situación actual de puro belicismo es muy doloroso porque, lejos o cerca, nacimos en contextos internacionales difíciles precisamente a causa de las guerras del Siglo XX, y crecimos en un mundo en el que se formularon todo tipo de derechos logrando regulaciones de alcance universal para proteger a las personas.
Sin posibilidad de eufemismos para nombrar la época, lo cierto es que, empezando por la situación de conflictos armados y genocidios en África, permitidos y olvidados, la guerra de Ucrania y Rusia, el mismo genocidio contra el pueblo palestino y su ampliación de violencia a otros países de Medio Oriente, en poco más de un año miramos el mundo con estupor e incredulidad.
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A pesar de estar geográficamente distantes, vamos comprobando que las conexiones políticas, económicas y comerciales nos afectan y ubican en el mismo conflicto a todos los países y regiones, porque esta lucha es por el petróleo y el poder económico que produce la energía, base del funcionamiento de las sociedades.
Estos conflictos sociopolíticos armados sobrepasan las viejas definiciones de una guerra, son mucho más violentos, descarnados, en búsqueda de objetivos de poder absoluto a gran escala, tienen consecuencias devastadoras y en proporciones muy desiguales para las mujeres, los niños y las niñas, con mayor mortalidad y secuelas graves, físicas y emocionales.
Y los datos internacionales perfilan a la niñez como gran objetivo de guerra en un marco terrible de crueldad que impresiona a los pueblos, pero no conmueve al poder del mundo que ha demostrado su incapacidad de protegerles.
Solo ha habido poses, discursos, hasta lágrimas y disposiciones escritas, pero ningún organismo de control de la convivencia internacional ha podido parar el horror establecido en amplias zonas del mundo.
La desgracia es tener petróleo o recursos producidos por la tierra que prometen riqueza y dominio, lo demás, no importa, en una impiedad y ferocidad que pretende fabricar un mundo solo para la riqueza, borrando literalmente todas las historias y vidas que entorpezcan la empresa y en el camino de extermino, aprovechar hasta los órganos de quienes pueblan zonas asignadas de exterminio.
Llamar cínicamente a esas escaladas de horror “ataques preventivos”, un nuevo concepto de la violación a todos los principios humanos establecidos, es una perífrasis de pura burla para romper acuerdos e ignorar los derechos de las personas, las comunidades y los países.
No nos confundamos, aunque estemos desorientados oficialmente y por razones de poder extremo. Qué no engañen fácilmente nuestra conciencia.

