La composición social dominicana está repleta de personajes pintorescos; simplemente aplicando el arrojo más inverosímil, sumado al más abyecto descaro, estas figuras se han encumbrado en un determinado episodio de la historia. Su fórmula para el «éxito» repentino ha sido el denuedo demostrado en un momento determinado, ligado al atrevimiento impúdico que pareció ser el norte de sus vidas.
Una de esas celebridades fue Remigio Zayas, conocido popularmente como Cabo Millo. Nacido en el año 1857, este militar se destacó en sus primeros años como seguidor del dictador Ulises Heureaux (Lilís). Con veinte años de edad se inició en un batallón armado. Después cambió de bando, yendo a parar a las tropas que encabezaba el presidente Juan Isidro Jimenes, administraciones en las cuales ascendió a coronel y posteriormente a general.
Seleccionado por el presidente Morales Languasco y rechazado por el horacismo para ser nombrado como comandante de Armas, Cabo Millo fue de los que tuvo una estelar participación en el levantamiento de marzo del 1903 en contra del gobierno de Horacio Vásquez, revuelta popular que echó violentamente del poder al mandatario del partido coludo.
Conspirador nato y con capacidad de camuflarse en los grupos enemigos, Cabo Millo fue protagonista de primer orden de la época de Concho Primo, y hombre de armas en mano en la llamada Guerra tanto de la Unión como de la Desunión, acontecimientos que enfrentaron a grupos sediciosos con los gobiernos de Alejandro Woss y Gil y Carlos Morales Languasco.
Detrás de la caída del gobierno de Woss y Gil en 1904, acontecimiento que cerró el ciclo lilisista en la escena política, Cabo Millo no escatimó esfuerzo alguno en «buscar» nuevos «paraguas donde cobijarse».
Murió a sus 57 años ejecutado en Azua, luego de acusársele de traicionar a su propia provincia.

