Como cada domingo



Desagravio a Marivell.-

De tener todos vergüenza nacional de solidaridad, nos correspondería ir a la presencia de la periodista y gestora cultural Marivell Contreras, además gremialista destacada y expresidenta de la Asociación de Cronistas de Arte (ACROARTE) para pedirle perdón por nuestra incapacidad como nación supuestamente organizada, que no ha sido capaz de garantizar la seguridad de sus integrantes, ni siquiera en un lugar tan céntrico y concurrido como el Paseo de las Estrellas de la isleta central de la Avenida Winston Churchill, pleno centro de la ciudad.

De tener todos vergüenza propia, deberíamos ir a ver el hermoso y mulato rostro de Marivell, para decirles que no nos sentimos conformes con nuestra indiferencia ante un fenómeno general de violencia y delincuencia que nos ha ganado la batalla.

De tener vergüenza y autoestima propias, a Marivell le tomaríamos en un abrazo y le diríamos al oído que nos perdone.
De tener vergüenza y sentido de Nación, habríamos tenido la digna actitud de reclamar un país en el cual esté asegurada la vida de la gente, su seguridad, sus pertenencias.

A ella, le presentamos nuestros perdones. Mil veces perdones.
Ella y lo que le pasó en esa intersección, una de las más transitadas, entre grandes edificios comerciales en los que se venden productos y servicios a miles de personas cada día, le pedimos perdón, es la muestra de que no han valido de mucho centenares de cámaras de seguridad, miles de policías, decenas de planes de seguridad que han fracasado uno tras otro.

Marivell y los tres dedos fracturados de su pie, son la muestra de que ya nada importa.
Perdónanos Marivell.