El procurador general, Jean Alain Rodríguez, y el director de la Policía, Ney Aldrin Bautista, anunciaron ayer la detención de un individuo al que se acusa de disparar contra el expelotero David Ortiz, así como de otras cinco personas involucradas en la agresión, en tanto que se persigue a otro implicado.
Los titulares del Ministerio Público y de la institución policial presentaron también el arma con la cual fue herido Ortiz de un balazo que penetró por la espalda con salida por el abdomen, que alcanzó también en una pierna al comunicador Jhoel López.
Aun cuando Rodríguez y Bautista afirmaron que las autoridades disponen de testimonios y evidencias que comprometen la responsabilidad penal de los detenidos y del individuo todavía prófugo, se requiere profundizar las indagatorias para identificar y apresar a la persona que habría pagado 400 mil pesos al grupo para perpetrar el crimen.
Todos los implicados en la trama, incluido a Rolfy Ferreras Cruz, acusado de disparar contra Ortiz, tienen amplísimo historial delictivo y evidente conectividad para constituirse en asociación de malhechores o en grupos de sicarios, como han señalado el procurador general y el titular de la Policía.
Es claro que la agresión perpetrada contra David Ortiz el domingo en la noche en un lugar abierto y en presencia de decenas de parroquianos no fue un hecho fortuito, sino el resultado de una encomienda criminal confiada a un portafolio de delincuentes o sicarios.
Lo expuesto por el procurador general y el director de la Policía en torno a ese fatídico suceso se recibe como entrega preliminar, de mucho valor investigativo, pero es obvio que se requiere todavía identificar al autor intelectual y la causa por la que se encomendó y se perpetró ese crimen.
Se resalta que en poco más de 72 horas, fiscales y policías identifican nombres y roles de participantes en la agresión contra Ortiz y que la intensidad de las pesquisas se mantiene al mayor nivel en la seguridad de que todos los implicados irían a parar con sus huesos a la cárcel.
Las investigaciones en torno al intento de asesinato de David Ortiz, desnudan de cuerpo entero el drama de una criminalidad que se consolida y expande por todo el nervio social de la nación, lo que obliga a Ministerio Público, Policía y Justicia a declarar la guerra sin cuartel a la delincuencia y a los delincuentes.

