Al dar cuenta de que solo el año pasado fiscalizó 834 mil motocicletas, la Digesett se defiende de la indiferencia que se le atribuye frente a las violaciones y desmanes de los conductores de las unidades.
De los más de tres millones de motocicletas registradas, la cantidad que dijo la Digesett que fiscalizó representa alrededor de un 25 %.
Pero con las imprudencias que se verifican a diario cometidas en las propias narices de los agentes es obvio que la Digesett tendrá que desplegar mayores operativos y actuar con más energía, siempre con apego a la ley, para controlar el desorden.
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Los motoristas no solo circulan sin cascos, a contravía, por las aceras, túneles y elevados, sino que no respetan ni los agentes que sustituyen los semáforos para regular el tráfico en las intersecciones.
La impresión que se tiene es la de que los agentes de la Digesett se han rendido frente a las peligrosas infracciones en que incurren los conductores de motocicletas.
Hay quienes entienden que ante el incremento de los tapones y el caos en el tránsito procede una reestructuración o una revisión de las funciones de la Digesett, porque, a fin de cuentas, los motoristas son solo parte del problema.

