Por tradición, los mensajes presidenciales del 27 de Febrero sirven para medir fuerzas entre los gobiernistas y la oposición. Ambos sectores se polarizan, unos en defender el discurso y otros en minimizarlo o restarle importancia. Es una muestra de hasta dónde está dividida la sociedad dominicana.
Lo trascendente debería ser aplicar la acción para la unidad. Establecer vías comunes de buscar el desarrollo del país. Es una acción que no se puede llevar a cabo de modo solitario, y eso lo saben desde el gobierno hasta la oposición.
El presidente Abinader ha trabajado con mucho entusiasmo, tratando de lograr el desarrollo nacional. Casi semanal participa en actividades de dar el primer picazo o de inaugurar obras. Ha hecho llamados a la unidad que son necesarios, si deseamos un país más fuerte y poderoso.
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El papel de la oposición es llevar la contraria a todo lo que huela a dar a conocer las obras que realiza el gobierno. Ese es el papel de los que están fuera del Palacio, pero también deben reconocer algunas realizaciones.
La dirigencia de los tres partidos mayoritarios sabe que en base a la unidad es que se podrá echar para adelante al país. Ese trío gobernó y conoce los inconvenientes de realizar el esfuerzo en solitario.
Para ser realistas, es difícil y hasta imposible, que se puedan dar acuerdos de entendimiento entre los partidos Revolucionario Moderno, de la Liberación Dominicana y Fuerza del Pueblo.
Ya hay una precampaña adelantada, donde cada uno trata de aferrarse a buscar simpatías, y fortalecer una línea que le permita emprender un buen papel electoral. El presidente Abinader no se puede reelegir por segunda ocasión, pero es la espina dorsal en las aspiraciones de su partido.
Si no puede haber unidad en base al desarrollo nacional, por lo menos debe florecer una línea de respeto y entendimiento entre todos los sectores nacionales, sobre todo cuando estamos lejos de las elecciones presidencial, congresual y municipal del año 2028.
La ayuda social focalizada en los pobres ayuda a la plataforma oficial, pero no soluciona los problemas de la economía popular, ni mejora la suerte de los excluidos. Hay que hacer un desarrollo compartido, tomando en cuenta a los marginados y olvidados.
La fundita moderna es ayuda de un día y que continúe el hambre. La política es una ciencia, enturbiada por el partidismo obtuso. Hora es de que el liderazgo político medite y comprenda lo importante de ir hilvano la unidad por el desarrollo nacional.
Manuel Hernández Villeta

