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Drama teatral

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Los fondos de pensiones

 

En su obstinado afán de sobresalir o más propiamente, sonar a como dé lugar, aunque sea con incidentes y espectáculos deslucidos, el diputado reformista por La Romana, Pedro Botello, se ha ganado la nada envidiable fama de ser un gran armador de líos teniendo como estandarte una causa mal entendida y peor ejecutada.

En su frenética campaña en pro de que el 30% los fondos de las AFP sea destinado a una acción coyuntural de “ayuda económica” a los trabajadores suspendidos por la crisis sanitaria del coronavirus, Botello no ha logrado concitar el apoyo que esperaba y en medio de su desesperación está en una secuencia crítica de acciones contraproducentes.

Ofuscado y sin miramiento alguno, ha dado pasos torpes y reincidido en el desliz de recurrir a la estridencia y la violencia para tratar de obtener el apoyo que no ha podido lograr entre sus compañeros legisladores a base de una exposición razonada, convincente y sosegada como la que debe prevalecer en quienes tienen la alta misión de crear leyes de provecho social y colectivo.

Botello ha protagonizado hasta ahora tres episodios vergonzosos, el primero de ellos mancillando la solemnidad del hemiciclo al irrumpir con una pancarta, el segundo encabezando una marcha en La Romana, en flagrante violación al distanciamiento social y tercero, haciendo graves y no sustentadas acusaciones a colegas de la Cámara de Diputados.

Este comportamiento deja muy mal parada su imagen ante sus compañeros en el Congreso y ante la opinión pública, sobre todo porque se trata de un legislador que está obligado a conducirse con equilibrio y respeto por un imperativo ético y en ausencia de ese elemento esencial —al que al parecer le atribuye poca significación— por lo menos por lo que exige su investidura y representación.

El incidente en la cámara baja fue tan desconsiderado y violatorio de las normas que deben observarse en el hemiciclo, que el personal asignado a la seguridad tuvo que intervenir, lo que aprovechó el legislador para forcejear y atraer la atención de los medios, porque su real interés era provocar un revuelo y presentarse como víctima de un atropello cuando él era en realidad el protagonista de ese deslucido episodio.

¿Qué puede esperarse de un legislador que actúa como un agitador cualquiera, que no le importa realizar hechos penosos con tal de empujar una causa que él ha tratado inútilmente de presentar como beneficiosa para la clase trabajadora, cuando en realidad está demostrado que su resultado sería funesto para ese sector?

Con mucho acierto, y sin citar su nombre por una delicadeza personal que Botello no observa ni entiende, colegas suyos han señalado que a este tipo de acciones sólo se recurre cuando el verdadero objetivo del autor es buscar proyección y posicionamiento a como dé lugar, ante la carencia de nombradía o reconocimiento público.

Sin embargo, en su propensión a un desbordado desenfreno, Botello no alcanza a darse cuenta que su imagen se empaña y que la causa que dice defender se desprestigia y pierde seguidores, incluso entre compañeros de la Cámara de Diputados, a quienes atribuye haber recibido cien millón de pesos para que voten a favor de extender el estado de emergencia solicitado por el Poder Ejecutivo.

Es obvio, pues, que en medio de la desesperación, que la sabiduría popular describe como “mala consejera”, está en un despeñadero de despropósitos sin darse cuenta que hace un daño casi irrecuperable a su imagen y credibilidad, si es que a él le importa de verdad y le atribuye alguna significación.

Por: YANERIS GUZMAN PIANTINI
PruebaPrueba2400@gmail.com

El Nacional

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