¡Duarte excomulgado!



El domingo 28 de julio de 1844, se leyó en todas las iglesias y parroquias de la naciente República, una carta pastoral emitida por el Arzobispo Tomas Portes e Infante, excluyendo del cristianismo a Juan Pablo Duarte y a todo el que desobedeciera al General Pedro Santana. Copia de esa carta -oculta durante siglos- se encuentra en el Archivo General de la Nación. Colección del Centenario de la República, volumen II Página 47 a 55.
La idea de una patria libre e independiente de toda potencia extranjera, trajo conflictos entre Duarte y una iglesia anexionista, que inmediatamente después de lograda la expulsión de los haitianos, tomó partido abiertamente con el sector conservador e hizo los más ingentes esfuerzos para que los trinitarios quedaran fuera del poder.
En un pueblo con 80% de analfabetismo, católicos fervorosos, llenos de dogmas y supersticiones. “La excomunión mayor” junto a la declaración de Santana llamándolo “traidores infieles a la Patria”, produjo un impacto tan devastador en su imagen pública, que transitó de la presidencia a prisión y al destierro. Además, borrado “con sica de gato” de la historia nacional por casi un siglo.
Con su accionar, propiciaron décadas de dictaduras conservadoras y fue en 1789 cuando Gregorio Luperón logró derrotarlos, e introduce junto con Eugenio María de Hostos la auténtica revolución educativa: pública, laicista, científica, cívica, gratuita, y respetuosa de los derechos humanos.
¡Duarte y la mayoría de los trinitarios, eran masones! Las logias masónicas guiadas por principios patrióticos filantrópicos de la revolución francesa, fortalecieron su presencia durante la ocupación haitiana. Los papas consideraban la masonería como incompatible con la doctrina de la iglesia y sus miembros automáticamente excomulgados. Esta posición antagónica fue ratificada por el papa Ratzinger en 1983.
La Iglesia fue y sigue siendo la gran conspiradora; El ejemplo más reciente fue su activa participación en el golpe de estado contra Juan Bosch en 1963. Su poder todavía subyace en nuestros políticos a quienes se les aflojan los esfínteres cuando son enfrentados al momento de proponer leyes favorables al desarrollo de nuestros conciudadanos, especialmente las mujeres y la juventud.
Aunque en 2013, el Episcopado Dominicano admitió su rol político a favor de Santana y la anexión, lo justo es que pidan perdón a Duarte, quien nunca transigió en sus ideales, aun cuando en su vida, pagó con creces por esta afrenta. Reflexionemos sobre este momento trascendental de nuestra historia.