Opinión Articulistas

El arzobispo Portes

El arzobispo Portes

Elvis Valoy

En dos artículos anteriores me referí a los arzobispos Valera y Meriño. En el actual sigo con un tonsurado, como forma de darle seguimiento a las sotanas históricas. Hablaré entonces del arzobispo Tomás de Portes Infante.

La invasión haitiana de 1822 creó un escenario extremadamente hostil para la Iglesia Católica. Ese asedio constante y confiscación de propiedades por parte del gobierno de Boyer a los religiosos, hizo que el arzobispo Valera se marchara al exilio, queriendo pasarle «la antorcha» del mandato eclesiástico a Portes, a lo que Boyer se opuso tajantemente.

A los curas del Santo Domingo Español no les quedó otra opción que la de apoyar sin reservas el proyecto independentista de la incipiente la República, todo eso a pesar de que Portes simpatizaba con el plan Levasseur de anexión a Francia, y el padre peruano-dominicano Gaspar Hernández anhelaba un retorno colonizador a España.

 Una característica especial de la milenaria Iglesia Católica es que se adecúa a los cambios y coyunturas existentes. A raíz del ascenso al poder del dictador Pedro Santana, el arzobispo Portes se convirtió en un radical defensor del gobierno del militar nacido en Hincha, justificando los muertos de la dictadura y excomulgando a los opositores al régimen del caudillo seybano.    

Santana, ambicioso, demagogo y cruel hasta el hartazgo, y luego de que el sacerdote nacido en Santiago lo había apoyado por 9 ininterrumpidos años, pretendió en el congreso obligar al primer arzobispo dominicano a jurar por la constitución del país, a lo que Portes se opuso debido a que la Carta Magna no devolvía los usurpados poderes a los prelados, pasando el mandatario a humillarlo, otorgándole al purpurado un pasaporte y 4 mil pesos para que se marchara de la naciente nación.

El arzobispo Portes murió en abril de 1858.