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El deporte

El deporte

Chiqui Vicioso

He recibido una docena de correos planteándome que en mis recomendaciones al MINERD me olvidé del deporte y la gimnasia, y tienen razón, aunque asumo que todas las escuelas del país tienen ambas disciplinas como materias, y que en todas las escuelas hay una cancha donde se puede practicar volleyball y basket, asi como la gimnasia.

Se ha repetido hasta la saciedad que mente sana en cuerpo sano, y eso lo compruebo cada vez que me hago un chequeo general y el médico me pregunta si fui deportista, porque tengo “corazón de atleta”, tan lento como mi manera de hablar (otra historia ya que solo pude hablar bien después de los dieciséis años por pólipos en las cuerdas vocales y jamás he podido hablar rápido, ni aun cuando me enojo, por eso escribo, o me callo).

Siempre que me encuentro con Eulogio Santaella le recuerdo que fue mi profesor de basket, cuando se formó el primer equipo de basketball femenino en Santiago. Maravillosa experiencia porque el basket mas que un deporte es un arte, donde hay que calcular las movidas y sobre todo actuar en equipo.
Lo mismo pasaba en volleball donde fui campeona de anotación de la división más mala: la C.

Es básico el deporte en las escuelas
El deporte interrescolar era entonces una fiesta que involucraba a los barrios, y todas nos asegurábamos de usar la ropa de nuestro equipo, el blanco para los Pepines, y apoyarlo en sus contiendas con La Salle y con los Agustinianos de La Vega. Recuerdo aun a Simon Rodriguez, Jose Luna y a Jose Yunen, tres estrellas del deporte santiaguero en ese tiempo de la inocencia en que el deporte era el entretenimiento favorito de la juventud, junto con el cine de las diez de la mañana o matines de los domingos.

Por eso las escuelas deben asumir el deporte y la gimnasia como lo que son: la mejor estrategia frente a la criminalidad que azota a nuestra barriadas y recintos escolares, porque es difícil que un o una deportista se interese en las drogas, o en la sexualidad desordenada que promueve la mal llamada música popular; el destape de Netflix y el mal cine.

Y ni hablar de la fraternidad y de la generosidad, ya que el ola mejor es el mejor o la mejor y en eso no hay discusión porque se parte de lo evidente, de lo que se demuestra en la cancha y no hay espacios ni para batallitas de egos, ni falsas presunciones. Pasa como con las artes plásticas cuyo impacto inmediato no deja dudas de si estamos frente aun artista o no, todo lo contrario de lo que sucede con los y las literatos, hasta que se les demuestre lo contrario.

Chiqui Vicioso

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