Opinión

El ego de los hombres

El ego de los hombres

Cuando una persona tiene un ego exacerbado suele tener dificultad para conectarse intima y satisfactoriamente con los demás. En otras palabras, le cuesta entender un ego que no sea el suyo.

Esto sucedería porque el “yo” o ego busca satisfacer sus propias necesidades y motivaciones, perdiendo de vista las del mundo exterior, lo que casi siempre puede afectar relaciones significativas como las de pareja, laborales y también amigos y familiares.
Una persona con problemas de “ego” suele ser desagradable, egoísta, maliciosa, destructiva, tiende a juzgar negativamente a los demás.

Las personas que viven dominadas por el ego están engañadas, se creen superiores y no ven la realidad, es un error de pensamiento que intenta hacer una presentación de cómo a usted le gustaría ser, en vez de como es en realidad.

El ego es una máscara social, un papel que nos aleja cada vez más de lo que en verdad somos
El ego es como un personaje que se va creando. El ego se aleja de la sencillez y se caracteriza por la complicación, es como una actuación del ideal, una falsa autoestima que se necesita proyectar para que nadie vea la gran inseguridad que se esconde en el interior.

Desde el punto de vista de la psicología, el ego es el sistema de pensamiento del ego no hay una sensación de estabilidad y paz.
El ego, o bien disfruta de alguna experiencia momentánea, o bien maldice su mala fortuna de no lograr un objetivo, pero nunca interpreta un acontecimiento como una oportunidad para sanar o perdonarse.

En otras palabras, el ego no busca la paz ni puede ser realista al echar un vistazo más allá de las visiones de infelicidad que proyecta.

El ego y la ambición por el poder absoluto es lo que impide a los políticos de una democracia unir esfuerzos y caminar en una misma dirección para solucionar los problemas comunes.

Ojalá que los dominicanos, especialmente los que están en la escarpada montaña del poder, aprendan a controlar su ego, que es la única forma de tener una sociedad más justa y por ende equitativa.

 

Por: José Antonio Torres josetorres60@hotmail.com

El Nacional

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