Semana

El  final de los asesinos del Che

El  final de los asesinos del Che

El doctor Ernesto Guevara de la Serna (Che), médico argentino, nacionalizado cubano, lideró una temeraria e inviable guerrilla en Bolivia, donde luego de once meses, fue finalmente herido en la pierna izquierda por una esquirla de mortero, en la Quebrada del Yuro el 8 de octubre de 1967, donde fue capturado y fusilado en la escuelita de Vallegrande.

Todos los que intervinieron en la captura y fusilamiento del Che Guevara, menos el sargento Mario Reque Terán, que fusiló al Che con dos ráfagas de ametralladora y Antonio Arguedas, que cortó las manos al Che, han muerto  trágicamente.

Comenzando por la cúpula que intervino en el fusilamiento del Che, el presidente Lyndon B. Johnson, que ordenó de paso, la segunda intervención militar en nuestro país, falleció de un infarto a las  en su cama el  22 de enero 1973 por exceso de tabaco, alcohol y estrés, a los 64 años. La barbarie de Vietnam le pasó factura emocional, y es posible que el asesinato del Che también.

El presidente de Bolivia, general René Barrientos  pereció carbonizado en un  misterioso accidente cuando el helicóptero en que viajaba se enredó en  alambres del tendido eléctrico el 27 de abril de 1969, apenas l8 meses después de ordenar fusilar al Che.

“Cuiden a papá”, orden de muerte en clave transmitida mediante la fonía militar por el general Barrrientos para fusilar al Che.

El coronel Jorge Centeno Anaya, jefe del Ejército boliviano cuando el Che fue capturado, pereció en una  emboscada en París.

El capitán del Ejército boliviano Gary Prado Salmón, que comandó las tropas que capturó al Ché en la Quebrada del Yuro el 8 de octubre de 1967, sufrió un accidente de automóvil del que resultó paralítico.

Felíx Rodríguez, cubano nacionalizado norteamericano, agente de la CIA, actuando en el caso que vertebra esta entrega, pasó la orden de fusilar al Che al sargento Mario Reque Terán, pero éste no obtemperó de inmediato sino que consultó con sus superiores, el general Jorge Centeno Anaya, quien le confirmó la orden emanada del presidente Barrientos Ortuño, y regresó a la escuelita de Vallegrande, donde estaba prisionero y herido el Che, cumpliendo la orden.

Antonio Arguedas fue otro de la ralea infame, que cortó las manos del Che Guevara por instrucciones del presidente Barrientos, que ya contaba con un prontuario tétrico al incorporar a los organismos de inteligencia de  boliviano al criminal de guerra nazi Klaus Barbie, cuando dispuso  eliminar a 36 mil bolivianos que le adversaban, un espantoso genocidio que nunca se menciona para iniciarle un proceso in absentia, para referencia histórica,  en los tribunales bolivianos ó en el Tribunal Internacional para Crímenes de Guerra de La Haya.

Es lo que debe incoarse contra Mario Reque Terán, Félix Rodríguez y los detritus humanos que actuaron en el final del idealista guerrillero, cuya  presencia en Bolivia confesaron bajo tortura el escri tor francés Regys Ddbray y Ciro Bustos, luego rendirse y capturarlos el Ejército boliviano y la unidad élite de Green Berets de Fort Brags que intervinieron en el operativo que liquidó la guerrilla.

El Nacional

Es la voz de los que no tienen voz y representa los intereses de aquellos que aportan y trabajan por edificar una gran nación