Opinión Articulistas

El juego dentro del juego

El juego dentro del juego

Manuel Fermín

El siete veces primer ministro italiano Giulio Andreotti, en una de sus expresiones más comentadas, dijo: «Es cierto que el poder desgasta, pero los bancos de la oposición te dejan en hilachas». Así, cuando la oposición fue invitada al ámbito del diálogo para enfrentar la crisis, el Gobierno consideró una burla lo dicho por Danilo Medina, e hizo lo propio con Leonel, quien planteó que el Gobierno asumiera el sacrificio de reducir el gasto; propuesta que fue interpretada como un impulso al desgaste político.

Por ello, el oficialismo, consciente de que ejecuta un gasto más político que social, revierte ese tremendo riesgo llevando a la oposición a permanecer en el «abajismo en harapos», al recortar su presupuesto 50 % para alcanzar lo que se propone ahorrar. Monto ridículo cuya magnitud se aprecia en el desconcierto de los partidos, que han expresado fuertes quejas por lo extremo y político de la decisión.

Se trata de una estratagema para reducir las críticas que, a la vez, dan origen a núcleos de concienciación capaces de estremecer la estructura de poder construida a papeletas limpias; es decir, atajar la crisis con dádivas. Se deduce, pues, que el Gobierno actúa con objetivos vengativos: obligar a la oposición al embozo. Peor aún, alegará que ofreció un espacio para la discusión —plural y abierto, con genuino espíritu de hospitalidad— y que, en cambio, la respuesta es de exasperación y de siembra de un ambiente de duda.

Empero, la realidad es que el Gobierno carece de propuestas válidas y creíbles; anda sin ideas claras, sin programas firmes, sin planes: vacío de contenido. Y no solo la oposición, también la Iglesia Católica ha hablado claro y alto en el mismo sentido.

Por tanto, el presidente de la República, que no es sordo ni ciego, debe enterarse de que hay un clamor silencioso que, si lo agitan, resonará con eco más potente que los habituales. Y todavía más grave: una Administración con ideas gastadas y discursos empapados de elogios para ocultar errores e incapacidades.