Sin importar el consabido debate en torno a si constituye o no solución al problema del transporte público, el Metro de Santo Domingo es hoy una realidad que acarrea a unos 220 mil pasajeros entre el Distrito Nacional y el municipio de Santo Domingo Norte, incluido un tramo de su segunda línea que opera en dirección este-oeste.
Los trabajos de ampliación de esa segunda línea del Metro, para que complete el recorrido desde el kilómetro 9 de la autopista Duarte hasta la avenida Charles de Gaulle, han sido paralizados debido a que el Gobierno no incluyó el correspondiente financiamiento en el proyecto de Presupuesto General del Estado 2014.
Completar esa vía significaría duplicar en lo inmediato el número de usuarios del Metro y beneficiar a una gran parte del municipio Santo Domingo Este, el más grande de los adyacentes al Distrito Nacional, lo que también sería un gran paso en camino a la solución de la crisis en el transporte de pasajeros.
El secretario administrativo de la Presidencia, José Ramón Peralta, ha dicho que el Gobierno excluyó el Metro en el Presupuesto porque requería atender prioridades mayores, pero la verdad es que la ampliación de ese sistema hacia la zona oriental reviste en términos reales mayor importancia que la primera línea ya construida.
Lo requerido por la Oficina para el Reordenamiento del Transporte (Opret) para completar el trayecto del Metro hasta la plaza Megacentro, incluido la construcción de un puente ferroviario y de vehículos sobre el río Ozama, sería de tres mil 500 millones de pesos, pero en el Presupuesto solo se consignaron RD$1,200 millones.
Se admite que el cúmulo de necesidades y prioridades es siempre mayor a la capacidad del Gobierno y del Estado para afrontarlo, pero la referida etapa de construcción del Metro merece una mayor y mejor atención por parte de las autoridades, porque impactaría positivamente sobre la calidad de vida y las actividades económicas de los residentes en el Distrito Nacional y en todos los municipios adyacentes.
Con un sistema que opere en dirección norte-sur y este-oeste, alimentados por rutas operadas por modernos autobuses, la mayoría de los cuales ya fueron adquiridos por el Gobierno, sería un gran regalo para una ciudadanía agobiada por un transporte deficiente, anárquico, caro e inseguro. Hay que montarse en el Metro.
