El secreto y los Reyes Magos

PÁGINA 29 El secrero de los reyes magos


Me llamo Antonio y todos en el barrio me llaman Toñito. Cada diciembre le ayudo a don Ramón en su juguetería. Él vende juguetes que les encargan a los Reyes Magos. Ellos me dejan los míos y los de mis hermanos. Este diciembre el aire estaba más frio que el anterior. Yo no estaba bien abrigado, pero me gustaba ayudar a don Ramón. Casi al terminar el mes le dije:

– ¿Porqué usted comienza a trabajar para los Reyes en diciembre, si el día de ellos es el seis de enero?

– Mi hijo, tú eres muy preguntón. No te preocupes hoy es 31 y nos vamos a casa temprano. Mañana no hay trabajo porque es Año Nuevo –respondió don Ramón, mientras le pedía acomodar algunos juguetes en el mostrador.
De repente, Toñito empezó a toser. El eco de la tos retumbó como un trueno en los oídos del alto y amable anciano. Con voz cariñosa y pasando su tibia mano por la cabeza del niño, preguntó:

– ¿Te sientes bien?

– Sí, don Ramón. Es por el frío. Yo estoy bien. Mamá me dio un té de jengibre. Me lo bebí y comí un pan con mantequilla.

– ¿Y por qué no me trajiste un poco de ese delicioso té? –Preguntó el anciano.

– Pasado mañana, sin falta, le diré a mamá que haga uno y le traeré. Ella hace el mejor té del mundo –entre risas y tos respondió Antonio.
Hablábamos muy animosamente cuando una señora con suave olor a fragancia de perfume caro me miró con unos ojos más grandes que la luna, al escoger varios juguetes.

– Don Ramón, por favor, resérveme estos juguetes. Los recogeré en tres días –dijo la señora con voz de capitán.
Toñito estaba azorado, al ver que los juguetes seleccionado por la señora eran los mismos que él tenía en su lista para los Reyes. ¡Sí! Los mismos juguetes para sus hermanos y de él.
“No tengo por qué preocuparme, en la tienda hay muchos juguetes”.

–pensaba el niño cuando don Ramón lo llamó.

– Toñito, ya escuchaste a la señora. Ve, empaca los juguetes y colócalos bajo el letrero de “Reservados.”

– ¿Ese es tu nombre? –preguntó la señora.
Antes de responder, trató de contener de nuevo la tos
molestosa, luego de un “¡Jum, Jum!”, respondió:

– Mi nombre es Antonio y me dicen Toñito de cariño.

– Cuídate mucho, Toñito –con voz llena de ternura, dijo la señora.
El resto del día don Ramón y Toñito lo pasaron recibiendo clientes que adquirían o reservaban todo tipo de juguetes, para no tener que buscarlos en la víspera de los Reyes.

El dos de enero, de camino a abrir la juguetería, la esquina que estaba acostumbrado a encontrarse estaba desolada.

“¿Qué raro que Toñito no esté aquí? –Dijo el anciano mientras seguía caminando. Al llegar a la tienda, tampoco se encontraba. Al día siguiente con la compañía del aire fresco y no saber de Toñito, con voz angustiada se dijo así mismo:

– Ya mi muchacho me hace falta. Esta noche averiguaré qué le pasa.
Sus pensamientos fueron interrumpidos por la voz de la señora con olor a fragancia cara.

– Buenas tardes, don Ramón. Lo prometido es deuda. Ya se cumplieron los tres días para recoger mis juguetes –mientras sus ojos redondos miraban cuidadosamente alrededor, como buscando algo que se le ha perdido.

– No busque más, mi querida señora. Nuestro niño no está –comentó el anciano.

– ¿Qué le pasa a Toñito? –Preguntó la señora.
Don Ramón le explicó que el niño tenía varios días de ausencia y que iría a visitarlo a su casa en la noche. Ella le suplicó que le permitiera acompañarlo.

Llegó la noche y mientras ellos se acercaban a la humilde casa de Toñito se escuchaban voces y ruidos de niños. Eran sus hermanos que ayudaban a su madre a cuidar de él.
El anciano se acercó a Toñito. Acariciando la cabeza sintió que la frente estaba muy caliente, mientras Toñito decía algo que no se le entendía, la señora se acercó y se inclinó ante él, acercando su oído derecho al rostro del niño para poder escucharlo:

– Los reyes de mis hermanos –con voz débil decía.

– Descansa, faltan pocos días para la víspera de los Reyes – dijo la señora.
Todos la escucharon, pero nadie pudo escuchar el secreto que ella susurró; pero lo cierto sería, que en la madrugada del seis de enero, Los tres Reyes Magos, visitaron la humilde casa de Toñito.
La autora es educadora y escritora.