Reportajes

El tirano Trujillo no fue un patriota ni nacionalista, sino un gran criminal

El tirano Trujillo no fue un patriota ni nacionalista, sino un gran criminal

El dictador Rafael Leonidas Trujillo fue ajusticiado en la avenida George Washington la noche del 30 de mayo de 1961

Con este escrito, busco desmontar la falacia histórica de que el tirano fue un campeón del nacionalismo. Fue un gran criminal. Es el más grande violador de los derechos humanos en toda la historia dominicana. Un hombre con formación de apenas el tercer curso de primaria, con gran astucia y sin ningún tipo de escrúpulos.

Utilizó como alabarderos a los intelectuales dominicanos y sometió la conciencia de la gran mayoría de los dominicanos (no la mía).

Sustituyó la identidad ciudadana con la Patria por una cultivada postración idolátrica ante él, que ejercía como propietario de nuestras vidas.

Las actuales generaciones, que no lo vivieron o ignoran de ello, no tienen idea de cómo controlaba el régimen hasta el tránsito interno de los ciudadanos en puntos claves del país, con un sistema de espionaje inimaginable para los ciudadanos de hoy.

Traiciones a la patria
Trujillo no actuó como un nacionalista, y mucho menos como patriota.
Al Himno Nacional oficializado se le quitaron las estrofas históricas que resaltan la gloria de las hazañas independentistas, y la identidad con los padres de la Patria fue apagada para dar paso a Trujillo como “Padre de la Patria Nueva”.

Le concedió derechos legales a Haití como nadie más lo ha hecho en la historia, al cederle 8,500 kilómetros cuadrados de nuestro territorio, en los años en que aspiraba a ser emperador de la isla, paseándose como un gran líder en las calles de Puerto Príncipe, donde le pusieron su nombre a una de sus principales calles.

Trujillo, como nieto de dos abuelas haitianas, dominaba el creole o patuá (lo que digo no porque eso sea malo, sino porque muestra su vínculo familiar con esa nación). Ciertamente cualquier dominicano puede tener ascendencia haitiana, y eso no tiene que ser malo, pero no se dice de Trujillo, como parte de la fabulación que él pretendió cubrir presentándose como modelo de antihaitianismo.

El tratamiento privilegiado que dio a Haití, a costa de sacrificar nuestra soberanía territorial terminó cuando vio que su donación de 8,500 km2 (el tamaño de la isla de Pto. Rico) no dio los frutos de dominio esperados. Ante la típica xenofobia haitiana, se dice que el tirano Trujillo respondió ordenando la matanza de ilegales haitianos en territorio dominicano del año 1937, presuntamente por delitos de robo.

En el imaginario popular una típica acción criminal de Trujillo fue vendida como una muestra de su «nacionalismo». Lo suyo era imprimir terror, no el propósito de un ideal patriótico.

Trujillo no era un nacionalista sino un patrimonialista que controlaba nuestra economía y la Nación como una finca personal. Era un defensor de su propiedad.

Ideario duartiano
Propugnar por la salvación de nuestra Patria y exigir por ello que Haití se salve en Haití (para evitar que se hunda la Isla) no tiene nada que ver con trujillismo ni con partidismos, racismos, xenofobias, sino con el Ideario duartiano que dio nacimiento a la República, con el cumplimiento de nuestra Constitución vigente y por nuestra soberanía histórica, territorial, política, social, demográfica, cultural y religiosa.

El Presidente de República Dominicana debe terminar con el simple declaracionismo sobre la intención de cumplir la primera obligación de un auténtico jefe de Estado, para salvar la nación del asedio internacional, restaurando la soberanía nacional, construyendo aceleradamente «el muro por la paz», y ejecutando un plan diplomático que sensibilice al mundo sobre nuestra verdad histórica, y la situación económica y social, con un mercado laboral pequeño, el tamaño de nuestra pobreza y el desempleo real.

El concierto de naciones debe ir en auxilio de Haití desarrollando un plan maestro básico de restablecimiento del Estado haitiano, con la colaboración de República Dominicana.

Y que EE. UU., Francia y demás países de Unión Europea, Canadá y otros de América asuman la población de ilegales haitianos que están en nuestro país, por encima de lo que establece la ley del 80-20 sobre el empleo proporcional de los extranjeros.

La esperanza vive, la patria vive, porque la obra de Duarte al amparo de la Santisima Trinidad no perecerá.
El autor es segundo vicepresidente de ProNACIÓN (Centro de Pensamiento y Acción del Proyecto Nacional).

Por: Darío Vargas

El Nacional

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