Esos vientos

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El derribo por Irán de un avión no tripulado de Estados Unidos motivó que el presidente Donald Trump ordenara un ataque aéreo contra objetivos iraníes que fue revocado por el mandatario diez minutos antes, al considerar que la muerte prevista de al menos 150 civiles, sería un efecto desproporcionado.

Aun así, Trump y sus generales todavía consideran opciones de represalia contra Teherán, entre las que no se descarta alguna de tipo militar, como exigen algunos de sus ministros y senadores del ala fuerte republicana que abogan por un ataque selectivo contra instalaciones militares de ese país.

El misil iraní que derribó el dron estadounidense también provocó un alza de un cinco por ciento en el precio del barril de petróleo de referencia Brent, que en un solo día superó los 65 dólares, en tanto que el tipo WTI, que importa República Dominicana, subió 1,47% para alcanzar un máximo de US$57.99 y estabilizarse en US$56,68.

Gobierno y liderazgo político, enfermos de insularidad, deberían colocar sus antenas en dirección al conflicto entre Washington y Teherán, que ya preocupa a Europa y Medio Oriente por las gravísimas consecuencias que acarrearía si desencadena en un enfrentamiento de tipo militar, posibilidad que Rusia ha definido como catastrófica.

El precio del barril de petróleo ha sido calculado en el Presupuesto General del Estado a US$62 dólares, por lo que el nivel entre 52 y 55 dólares resulta cómodo para la economía, pero algo parecido a una guerra en Medio Oriente provocaría un alza significativa que impactaría de manera muy negativa sobre las cuentas nacionales.

Hace tiempo que se advierte a la clase dirigente dominicana que este país no está asentado sobre una isla, no en términos económicos y de geopolítica, porque cualquier estornudo allende los mares, se siente aquí con fuerza de huracán, como ocurriría si se suelta el demonio en Oriente Medio.

Se requiere que Gobierno, clase política, sector productivo monitoreen el mapa mundial en todos los sentidos para poder blindar en lo posible a la economía dominicana, a la que ingresan cerca de 30 mil millones de dólares al año por turismo, inversión extranjera, remesas y exportaciones, que ayudan al control del déficit fiscal y de cuenta corriente, además de impulsar el crecimiento económico y estabilidad monetaria.

Es menester que autoridades y agentes económicos activen binoculares para poder adelantarse a acontecimientos que causarían una recesión económica que generarían vientos de crisis políticas que por estos lares adquirirían categoría de huracán con fuerza suficiente para llevarse por delante la endeble estabilidad macroeconómica,