Todo es cambio. Un juego. Un no saber nada —y conocerlo todo—, incluso el final. Me hablan de sexo, y pienso en ti. ¿En cuál sexo? ¿El de los cuerpos? No. El del alma… quizás. ¿Tus besos? No. ¿Tus caricias? No hubo. ¿Tus rituales? Tal vez.
Pero lo que sí extraño es la intimidad: esa respiración al unísono, esa mirada que contenía un mundo —nuestros mundos—, ese aliento compartido, ese instante en que éramos uno y el todo. Tu olor: esa esencia que abre las puertas de mi intimidad, que custodia mi soledad, que ya apenas logro inventar.
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Temo perder tu rastro, como se desvanecen los aromas de los seres queridos que han partido.
Hubiera preferido cansarme de tu olor, que me pesara, que me empujara al olvido.
Pero no me diste tregua… y aquí estoy, suspendida en el sin tiempo, esperando aprender a olvidarte.

