¿Están o no los restos de Rosa Duarte?

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Desde el 20 de enero pasado, cuando se publicó el primer trabajo de Luis Martín Gómez, pidiendo un cenotafio en el Panteón Nacional para Rosa Duarte, ahora que el país se acerca a la conmemoración del segundo centenario, que se conmemora el 28 de junio próximo, había que establecer que no tiene sentido embarcarse en una “jornada patriótica” para ir a Venezuela a buscar los restos de Rosa Duarte, en la fosa número 1,428, del Segundo Cuartel del 77, en el Cementerio General el Sur, donde fueron sepultados a raíz de su fallecimiento, acontecido el 26 de octubre de 1888, porque ya no existen.

En ese lugar, constató la doctora Cecilia Ayala Lafée, antropóloga venezolana, que más a fondo ha estudiado la estadía de la familia Duarte y Diez en Venezuela, se produjo una excavación y reconstrucción de nichos en esa zona, según determina en su investigación hecho reportado en su investigación Juan Pablo Duarte en la Venezuela del Siglo XX. Historia y Leyenda, reeditado en el país por el Banco Central en 2014. (1). Mucha gente, incluso legisladores y personalidades de los medios de comunicación, siguen pensando – por falta de esos datos- que los restos de la hermana de Duarte existen y están disponibles para regresarlos a la patria.

No hay imágenes
Todas las imágenes presentadas como de Rosa Duarte hasta ahora son irreales. Son ideografías simbólicas creadas por necesidad para poner rostro cuando se ha planteado la relación de las mujeres que lucharon por la independencia (y cuando fue necesario pintar para el didáctico Museo de Cera Juan Pablo Duarte, creado por Juan Gilberto Núñez, en el Instituto Duartiano.

Un cenotafio
¿Por qué merece Rosa Duarte un cenotafio en el sagrado lugar de las tumbas nacionales de mayor prestigio por sus aportes a la consolidación de la nacionalidad?

¿Qué es un cenotafio y por qué es la fórmula de radicar un hito concreto que la honre?
Un cenotafio es una tumba sin restos humanos. Define la Real Academia de la Lengua: “Cenotafio.

‘Monumento funerario en el que no está enterrada la persona a la que se dedica’.
Dejemos que Cecilia Ayala Lafée lo relate: “Rosa trascendió al concepto colonial y religioso de su época, esto es, ser una amante esposa, insigne madre y defensora de la moral, para actuar y participar en cuerpo y alma en la gesta libertadora dominicana. En su juventud se unió y fue miembro de la Sociedad Dramática, desde la cual realizó obras de teatro con las que se creaba conciencia sobre la causa libertaria y se reunían recursos para cubrir los gastos de esta lucha; propició peñas literarias que no eran otra cosa que tertulias conspirativas contra el orden político establecido; sirvió de espía y correo para proporcionar valiosa información a los líderes del movimiento emancipador; y convirtió en balas el plomo que se vendía en el almacén de su padre para el forro de los barcos; Rosa, en fin, fue el arquetipo de mujer patriótica a quien no le importaron los peligros a que se vio sometida, sintiendo en su alma el ideal libertario al que le entregó toda su vida´. (2).

Salvando la ausencia de restos, el cenotafio permitirá un símbolo material funerario para honrar la memoria de esta mujer y poder ponerla como ejemplo vivo de patriotismo a quienes visiten el Panteón Nacional, en el cual, por cierto, hay gente que no debe estar, como Pedro Santana, militar que manchó su prestigio de comandante militar contra la reocupación haitiana.

Rosa Duarte, hermana predilecta del padre de la patria, colaboradora de la sociedad secreta La Trinitaria fundada por Juan Pablo para independizarnos de Haití, fue fabricante de balas junto a su maestro balero y novio trinitario, Tomás de la Concha, soporte espiritual y económico de su familia en el país y en el extranjero, cuidadora de la obra y del legado de su insigne hermano, autora de los valiosos “Apuntes” a través de los cuales se conoce documentalmente a Juan Pablo Duarte.

Se impone que el tema del cenotafio para Rosa Duarte pase a una esfera de acciones oficiales y que tomen las decisiones que el momento demanda. Claro que siempre habrá temas de moda, asuntos de urgencia comicial, electoral, social, pero que nada de ellos relegue una obligación de restauración histórica: un cenotafio para Rosa Duarte.