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Esto pienso, esto creo

Esto pienso, esto creo

Deberíamos estar mejor, pero, los males lo disfrazan, no lo curan

Uno de nuestros mayores problemas en la conducción de las instituciones que componen el Estado, lo constituye el hecho de como personas se ven impelidas hasta el mismo centro del poder para tratar situaciones que por mucho les quedan grandes, ya que sus capacidades, sean intelectuales o morales -cuál de las dos peor- los deja muy cortos para ejercerlas, pero que llegan a esas posiciones por favores políticos, los amiguismos o los famosos compadreos, y, una vez establecidos, caen en lo inmediato bajo los efectos de una psicosis de fuerza que los hace creerse intocables, únicos e inequívocos en sus acciones, hasta el momento que aparecen las damas de hierro del Poder Judicial.

Porque realmente es fuerte vivir en una completa autarquía y al poco tiempo de haber llegado él o algún familiar cercano a manejar en el laberinto institucional del Estado, como por arte de magia, se convierten en grandes y prósperos empresarios -hasta siendo adolescentes- girando todo alrededor de ser proveedores privilegiados -en una gran mayoría por medio de testaferros- que los convierten en “honorables y prósperos” que rápidamente dejan atrás el andar como pordioseros detrás de algún trago de ron o cerveza a tener sus propias bodegas, donde almacenan sus finos Chianti procedentes de las colinas de Toscana, aunque continúan catando cual si fuese un “Campeón” al que estaban acostumbrados.

Deberíamos de ver otros tipos de comportamientos que han caracterizado a una pandemia de políticos, como esa de los funcionarios que se desvelan -y más aquellos provenientes de la clase media y media baja- por asistir a desayunar o almorzar en aquellos restaurantes que con el tiempo se han ganado el apellido de “funcionarios”, ya sea por sus precios o ubicación y que los han convertido en sus “Mai Blanche”, donde el mayor cuestionamiento sería si acaso han convertido los mismos en sus oficinas, ya que no hay horas donde las famosas jeepetas negras no estén presentes, normalmente todo el tiempo encendidas con sus conductores dentro. Otra cosa llama la atención por alarmante, fue con los funcionarios del mal gobierno pasado, donde desde tempranas horas de la mañana anidaban los mismos hasta que entró este gobierno y durante unos 3 meses parecían que estaban embrujados porque nadie asistía pero que hoy, se ha vuelto a la misma práctica.

En tanto, las autoridades de la Justicia son desmesurados hasta la incuria con relación al manifiesto comportamiento de la inmensa mayoría que se han dedicado al negocio de la política, siendo diabólicamente astutos para violar todo tipo de diatomeas que se les ponga. Por eso, quizás, en ocasiones, se alzan mis cejas ante determinadas actitudes de algunos de estos acaudalados protagonistas de los últimos escándalos y, es de tal magnitud, que siento como si se me formaran dos acentos circunflejos que me lastimaran el rostro.

Escuché y vi la altanera y prepotente presentación de un cualquiera frente a la justicia; los gestos de supremacía y el discurso amenazante contra quien no posee el más mínimo elemento moral y ético hasta para limpiarle los zapatos y el Juez permaneció impertérrito ante lo mismo. Y es que, la supremacía exhibida por ese personaje bastaba para que se mantuviera encerrado, pero, sin nunca haber sido jugador, me atrevería apostar, que ese cambio en su actitud fue y es debido, a que ya conocía por donde iba y va su destino; que ya había salido de los predios de las Damas de Hierro y su Caballero acompañante, para acomodarse en el reinado del negociado de la política. ¡Sí señor!.

Por: Rafael R. Ramírez Ferreira
rafaelelpiloto1@hotmail.com

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