Desde el nacimiento de la República Dominicana como Estado, la democracia se concibió como un terreno exclusivamente masculino, marcado por una discriminación estructural que no solo limitaba la elección de las mujeres a cargos públicos, sino que anulaba por completo su derecho a participar en las urnas.
La Constitución del 6 de noviembre de 1844, firmada en San Cristóbal, es el testimonio fehaciente de dicha exclusión, porque dictaminó que solo el hombre poseía las facultades para ejercer el voto y ser elegido.
Exclusión
Esta exclusión no era única del país, sino una tendencia mundial, siendo Oceanía el continente que abrió las compuertas de la participación electoral femenina.
Tuvieron que transcurrir 98 años, casi un siglo después, para que el panorama rompiera con esa omisión constitucional y la mujer dominicana, por primera vez, ejerciese el derecho al sufragio.
En el año 1934, se realizó en el país un ensayo del voto de la mujer ante el reclamo del movimiento feminista de la época; sin embargo, no fue sino hasta la Asamblea Revisora del 10 de enero de 1942 cuando se instauró formalmente la participación femenina en las urnas.
A 182 años de la Independencia Nacional, Virginia Antares, activista en favor de los derechos de su género, plantea que la mujer ha recorrido un largo camino, por lo que es necesario agradecer y valorar su esfuerzo y lucha por esa conquista.

Recortes de periódicos de la época recogen que la primera ciudadana en marcar una boleta en el país fue Bernarda Vásquez, mientras que la gran luchadora por estos derechos a nivel internacional fue Minerva Bernardino.
Si bien representó un avance legal, ese primer ejercicio del voto nació influenciado por la propaganda y el control absoluto del régimen de Rafael Leónidas Trujillo (1930-1961), que buscaba legitimidad internacional al incluir a nuevos sectores sociales.
Decisión
Hoy en día, el panorama es totalmente distinto: la mujer se ha convertido en un actor decisivo en las elecciones generales y representa la mayoría en la participación del sufragio.
La mujer dominicana ya no solo asiste masivamente a las urnas, sino que es protagonista activa en la toma de decisiones, con una presencia consolidada en el Congreso Nacional, los gobiernos municipales y la vicepresidencia de la República.
De este modo, ha pasado de la exclusión constitucional a convertirse en uno de los pilares primordiales que sostienen y definen la democracia moderna.
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En las elecciones generales del 2024, estaban hábiles para votar 8,103,291 dominicanos, según datos de la Junta Central Electoral (JCE). De los 4,429,097 votantes que acudieron a las urnas, 2,123,509 fueron hombres y 2,305,570 mujeres, lo que reflejó una diferencia de 182,061 votos a favor del electorado femenino.
En términos municipales, en ese mismo año, 1,598 mujeres resultaron electas en cargos de alcaldesas, vicealcaldesas, regidoras, directoras y vocales, lo que representa el 42.84 % del total de los puestos electivos. Por su parte, en el Congreso Nacional, 74 mujeres ganaron escaños legislativos, representando un 33.3 %.
Peticiones
Pese a estos avances, las mujeres aspiran a más y abogan firmemente por la paridad de género. Recientemente, el Sistema de las Naciones Unidas en el país planteó que urge renovar el compromiso con las mujeres mediante acciones concretas que promuevan su participación en los espacios de poder y en la alta toma de decisiones.
JCE
El presidente de la Junta Central Electoral (JCE), Román Jáquez, resalta el papel fundamental de la mujer en la democracia dominicana, señalando que su presencia en la política es un reflejo de sus capacidades, fortalezas y aportes a la sociedad.
“Las mujeres no solo son protagonistas en la gestión electoral, sino que representan más del 50 % del padrón electoral y, en las pasadas elecciones, su participación en el voto superó ligeramente a la de los hombres”, puntualizó.
Referente histórico
El sufragio femenino se obtuvo por primera vez en la historia hace más de 120 años en Nueva Zelanda (Oceanía). Pasarían más de tres décadas hasta que este derecho llegara a América Latina, tras su aprobación previa en el Reino Unido (1918) y los Estados Unidos (1920), entre otros países.
En América Latina, Uruguay fue la nación pionera. Allí, las mujeres votaron por primera vez el 3 de julio de 1927 en un plebiscito local organizado por la comunidad de Cerro Chato. Sin embargo, no fue hasta el 27 de marzo de 1938 que la mujer participó formalmente en unas elecciones nacionales.
Actualmente, el único Estado del mundo donde se celebran votaciones y las mujeres no pueden votar es la Ciudad del Vaticano, debido a que el derecho al voto está ligado exclusivamente a los cardenales, quienes por doctrina católica son todos hombres. Arabia Saudita permitió el voto femenino en 2015).
Ascenso
El crecimiento de la participación política de la mujer ha sido constante. Por ejemplo, su consistencia se evidencia al analizar los últimos nueve procesos electorales (presidenciales, congresuales y municipales).
En las elecciones del 2002, la participación femenina fue del 50.60 %; en el 2004, del 49.30 %; en el 2006, del 51.31 %; en el 2008, del 49.32 %; en el 2010, del 50.80 %; en el 2012, del 50.24 %; en el 2016, del 50.08 %; en el 2020, del 50.93 %; y en el 2024, en la última contienda, se situó en un 50.38 %.
Partidos
Virginia Antares, excandidata presidencial por el partido Opción Democrática y activista feminista, considera pertinente que la mujer ocupe siempre un espacio equitativo junto al hombre en la toma de decisiones importantes.
“Hemos avanzado mucho, especialmente en los espacios donde se han creado mecanismos para facilitar la participación. En la Cámara de Diputados y en las regidurías se aplica el equilibrio de género de 40-60, pero en el Senado las mujeres somos apenas el 10 %”, subrayó.

