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Faride

Faride

Chiqui Vicioso

Para mi, militar en una organización significa poner mi vida, inteligencia y voluntad en las manos de un líder y de una organización.

Si me preguntaran por quienes hubiese estado dispuesta a hacer semejante donación de mi inteligencia y vida tendría que decir, que por Nelson Mandela; Camilo Cienfuegos, cuyo carácter juguetón y humor lo llevaron a relajar la hosca seriedad del Che; Amílcar Cabral, porque como poeta era un visionario; José Saramago, si hubiera liderado un partido político en Portugal; y entre las mujeres Dilma Rouseff, cuya valentía para enfrentar a la dictadura militar brasilera no tiene parangón en latinoamérica, y de no haber nacido a destiempo Minerva Mirabal.

En Dominicana opté hace 40 años por el dirigente político más transparente, bondadoso, tenaz, valiente, desprendido, generoso y tierno que conozco: Fidelio Despradel.

Porque militar, ya lo dije, es poner la vida a disposición de una organización y su liderazgo, y ello implica separar el ego de las decisiones políticas necesarias, y entender cuales son nuestras fortalezas y limitaciones para batallar y ganar una guerra. Y de una guerra se tratarán las próximas elecciones presidenciales.

Guerra entre Leonel Fernández, quien ha cultivado una imagen de centro-izquierda en el exterior, pero aquí tiene aun muchas explicaciones que dar, más allá del precio del pollo, el arroz y los plátanos.
Una de las más perentorias y graves es la acusación del exdiputado argentino Miguel Bonasso, de que junto con Uribe, Cisneros, y un ex-ministro canadiense, es socio mayoritario de la Barrick Gold; otra, es su intento de donar nuestras aguas territoriales a Inglaterra, de cuya visita a la reina solo recordarmos el sombrero de Margarita: Y, la más importante, su batalla contra Guillermo Moreno, cuando era fiscal, y trató de impedir que este sometiera a la justicia a varios de sus colaboradores.

En esa batalla, que hoy pierde Faride frente a Omar, en las encuestas, en una campaña para senador del Distrito (donde Leonel invertirá hasta el último centavo si de derrotar a Guillermo se trata), la simpática, bella, locuaz y naturalmente inteligente Faride, además hija de uno de los poetas más queridos y respetados del parnaso nacional, no tiene un chance.

Eso lo entiende Luis Abinader y si de disciplina partidaria se trata, lo debería entender Faride, como debió entenderlo un hoy senador cuando impuso su delfín, con desastrosos resultados, sobre una mujer experimentada, capaz y muy respetada en la judicatura, por encima de la decisión del presidente.

Los demás (quienes hoy la cortejan) es oportunismo político, que para el futuro político de Faride puede conducirla a un potencial desastre, si se confunde, y Faride tiene mucho camino por recorrer en un PRM donde hacen falta lideresas como ella.