Fatídico suceso



La sociedad dominicana ha sido conmocionada por la agresión que sufrió el expelotero David Ortiz, herido de un balazo por la espalda con salida del proyectil por el abdomen, que también impactó en una pierna del comunicador Jhoel López, en un incidente la noche del domingo en un bar del ensanche Ozama.

El trayecto de la bala afectó el colon, los intestinos y el hígado, por lo que Ortiz fue sometido a una cirugía en el Centro de Medicina Avanzada Abel González para reparar los daños infligidos, tras lo cual fue trasladado ayer a un hospital de Boston, Estados Unidos.

Ortiz es un patrimonio y una gloria nacional, tras haber descollado durante 14 temporadas en el béisbol de Estados Unidos como estrella del equipo Medias Rojas de Boston, cuyos fanáticos también le dispensan el trato de una leyenda.

El Ministerio Público y la Policía están compelidos a esclarecer cuanto antes el intento de asesinato perpetrado contra Ortiz, identificar y someter a la justicia a sus agresores, a quienes los tribunales deben imponer sanción penal ejemplar.

La garantía de seguridad ciudadana es aun para las autoridades tarea pendiente, toda vez que sucesos como la agresión otrora el exbateador designado de los Medias Rojas y el comunicador Jhoel López, ocurren con relativa frecuencia, casi siempre asociados a la intención de robos, atracos, asaltos o sicariatos.

Aun así, ese fatídico caso no debería usarse para consolidar una evidente campaña de descrédito contra República Dominicana y su potencial turístico, porque el incidente ocurrió en una terraza al aire libre, clara señal de que los parroquianos albergaron adecuados niveles de seguridad para compartir frente a una concurrida avenida.

La agresión contra Ortiz ha causado consternación también en Estados Unidos y en otros países donde han trascendido sus logros deportivos y reconocen también su don de gente y excepcionales cualidades o virtudes que manifiesta fuera del terreno de juego.

Los ruegos al Altísimo son para que David Ortiz se recupere plenamente de la herida sufrida y que este penoso episodio sirva para que Estado y Gobierno cumplan con su obligación de frenar la delincuencia y garantizar absoluta seguridad a la ciudadanía.