QUINTAESENCIA

¿Abinader apuesta al diálogo por la democracía?

¿Abinader apuesta al diálogo por la democracía?

En la democracia, el gobierno es una instancia de poder político que busca el equilibrio de las fuerzas sociales vivas que interactúan en la sociedad.

Mantener esos factores reales de poder, a pesar de las diferencias y contradicciones, en el balance adecuado y dentro de la institucionalidad, representa el éxito de la gestión.

Para lograrlo, el diálogo y el consenso son herramientas fundamentales de gobernabilidad y buena gobernanza.

La oposición política desempeña un papel esencial de contrapeso: fiscalizadora y generadora de alternativas. Controlar la relación entre gobierno, diálogo, consenso y oposición es garantizar la paz social e implementar planes de políticas públicas, es generar desarrollo y progreso de un país.

El gobierno siempre será el órgano rector del Estado, cargando con la responsabilidad de dirigir la administración pública, ejecutar políticas y responder a las necesidades de la colectividad.

Pero no puede olvidar que su legitimidad no se debe exclusivamente a haber sido electo en las urnas, sino también a su capacidad para producir confianza, ser eficiente y eficaz en su accionar. Gobernar no es imponer, es conducir; no es mandar, es orientar; no es excluir, es integrar. Por tanto, el diálogo político es su instrumento esencial.

El diálogo demanda disposición de escuchar, intercambiar ideas y construir soluciones conjuntas. No se trata de un acto de debilidad por parte del gobierno, sino de una muestra de fortaleza y madurez política. Con el diálogo se anticipan los conflictos, se disminuyen tensiones y se encuentran puntos de convergencia en medio de la diversidad. Eso lo saben todos los buenos estadistas.

Sin embargo, el consenso nunca significa unanimidad absoluta; consiste en acuerdos básicos que permiten avanzar en temas de interés nacional.

En sociedades plurales, es natural que existan diferencias ideológicas, pero el consenso permite establecer mínimos comunes que aseguren la estabilidad y la continuidad de las políticas públicas, tales como el problema energético, el transporte, la educación, la salud o la seguridad.

En ese escenario, la oposición política es una pieza clave del sistema democrático. Su función es fiscalizar la acción gubernamental, señalar errores y proponer alternativas.

Una oposición responsable no se limita a criticar, sino que contribuye al debate con ideas que enriquecen la toma de decisiones, superando la mezquindad y la doble moral de considerar malo todo lo que hace el otro.

La existencia de una oposición fuerte es un indicador de salud democrática. Por ello, felicitamos al presidente Luis Abinader y a la oposición por la disposición de dialogar en este tiempo de incertidumbres mundiales. La democracia está madurando, y eso hay que celebrarlo.