Editorial

¿Hasta cuándo?

¿Hasta cuándo?

El Distrito Nacional y sus municipios adyacentes están en grave riesgo de sufrir una crisis sanitaria de gran envergadura a causa de caos prevaleciente en el vertedero de Duquesa, cuya administración se ha adjudicado el Ayuntamiento Santo Domingo Norte, lo que ha provocado un conflicto jurídico y logístico que dificulta el vertido de desechos sólidos en esa instalación.

Santo Domingo y su entorno están abarrotados de basura porque el operador del vertedero disminuyó el horario de recepción de camiones recolectores, situación que se agrava con los aguaceros que deterioraron aún más la inservible carretera de la carretera de ingreso a esas instalaciones.

Decenas de camiones estaban ayer varados a la espera de poder verter su carga de desperdicios en Duquesa, mientras una cantidad aún mayor de desechos sólidos se acumulan en calles y avenidas de la capital, Santo Domingo Este, Norte, Oeste y  Los Alcarrizos. Más de la mitad de todos los equipos disponibles en esos municipios para recoger basura estaban anoche anclados en una larga hilera de espera.

Para que se tenga una idea de la magnitud de la crisis basta decir que el Ayuntamiento del Distrito recolectó ayer menos del 50 por ciento de la basura acumulada por falta de equipos y lugar donde depositarla, lo que coloca a millones de ciudadanos en riesgo de contraer enfermedades infectocontagiosa derivadas del estado de virtual emergencia sanitaria.

En pleno siglo XXI, cuando en el mundo se habla de reciclaje y de valor agregado de los desechos sólidos,  aquí todavía se sufre el drama de la basura acumulada por doquier como riesgo sanitario y del hecho insólito de que un ayuntamiento se adjudica la administración de un único vertedero e impone reglas que perjudican a otros cabildos.

En países con modestos niveles económicos  hace tiempo que resolvieron el tema de recogida y vertido de desechos sólidos y hoy están inmersos en procurar que sus ciudadanos coloquen en recipientes distintos residuos orgánicos, plásticos, vidrios y papeles, pero en República Dominicana se improvisan montañas de basuras y se cierra el vertedero a las cuatro de la tarde.

De más está decir que la recolección de desechos y la operación del único vertedero disponible para cinco municipios constituyen negocios millonarios que desde tiempo inmemoriales se disputan intereses políticos y corporativos de turno que han convertido un servicio público vital en fuentes de acumulación de grandes fortunas.

A casi cuatro millones de ciudadanos residentes en el Distrito y sus municipios vecinos parecen condenados a convivir con la basura y al riesgo de contraer enfermedades derivadas del estado generalizado de insalubridad, como si todo este drama y la inocultable indiferencia del Gobierno central fuera el resultado de una maldición divina.

El Nacional

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