Por 10ma semana consecutiva las protestas continúan en Hong Kong demandando un mejor proceso democrático y exigiendo más distancia del gobierno de la China continental sobre sus asuntos internos. En la medida que pasa el tiempo resulta menos claro que acciones del gobierno de Hong Kong y de China podrían satisfacer las demandas de los protestantes, y más aumentan las posibilidades de una muestra de fuerza del Partido Comunista Chino sobre la ciudad.
Las protestas, que iniciaron hace más de dos meses, en su inicio fueron motivadas por una propuesta de ley de extradición entre el gobierno de la ciudad y la China continental. Millones de personas tomaron las calles en rechazo de ese proyecto, y el gobierno de Hong Kong se vio obligado a desistir de su aprobación.
El desistimiento del gobierno de la ciudad no fue suficiente y las protestas se han extendido a la toma de edificios públicos, y más recientemente del Aeropuerto Internacional de Hong Kong. Si bien la mayoría de las protestas han sido pacíficas, ya se han producido enfrentamientos entre protestantes, la policía de la ciudad y milicias irregulares atribuidas al gobierno central de China, que han escalado el ánimo de las protestas.
La China continental no tiene un remedio claro para este tipo de situaciones. El gobierno del Partido Comunista Chino tiende a mantener un control férreo sobre las acciones de su población, y suele no reparar en aplastar con violencia, si es necesario, cualquier disidencia sea de su población (como en Tiananmen), o de regiones que ve como problemáticas dentro de su territorio, como es el caso del Tíbet o la provincia de Xinjiang.
Hong Kong, sin embargo, representa un problema especial para China, dado al acuerdo de traspaso que suscribió con el Reino Unido, que hasta 1997 mantuvo el control y la soberanía sobre la ciudad.
Lo delicado de la situación es que el Reino Unido actualmente tiene problemas internos severos con el Brexit, y poca capacidad de proyectar su influencia hasta el este de Asia. Más aún, China tiene un interés marcado en demostrar absoluto control sobre su territorio y las zonas colindantes por los conflictos persistentes en el Mar del Sur de China y la isla de Taiwan.
Cuelga sobre la imaginación de todos la idea de que estemos en la antesala de revisitar los eventos de hace 30 años en Tiananmen pero en esta vez en Hong Kong, y más aún lo que depara el futuro de esa formidable ciudad en la medida que cae cada vez más bajo el control totalitario de la China continental.
speremos que al final de esta historia las voces de los ciudadanos de Hong Kong sean escuchadas, y que su voluntad y deseos de autodeterminación prevalezcan, y que ello puede ser posible sin más violencia.

