Poemas de una sola angustia
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Lo que representa esta ofuscación ideológica en Incháustegui es un desconocimiento, tanto del materialismo dialéctico teorizado por Marx, como del anarquismo-colectivista representado por Mijail Bakunin, en donde se expone la abolición del Estado, la religión y todas las jerarquías que pululan alrededor del poder. Desde luego, ambas teorías tienen un correlato: la transformación social a través de la eliminación de la propiedad privada.
Sin embargo, Incháustegui involucra estos planteamientos políticos como actores de una carga ideológica que otorga -a quien lee o escucha el poema- una función de denuncia; Incháustegui, en el poema, enuncia que es «un hosco ‘guaraguao’ materialista», involucrando el materialismo histórico como una figura antagónica al statu quo, alguien fuera del contexto dictatorial; y es por eso que introducir los nombres de Marx y Bakunin en el poema debe ser interpretado como un «parche», algo confuso. Sobre todo, porque Bakunín fue el ideólogo del anarquismo y representó lo contrario de Marx.
En «Obra abierta», Umberto Eco sostiene que «cuando un poema social o político intenta resolver una ambigüedad mediante un ‘parche’ […] la obra deja de ser abierta» («Obra abierta», 1962).
Repartido en diez cuerpos contentivos de mil doscientos ochenta y dos versos, el texto total de «Poemas de una sola angustia» representa una maravillosa exposición poética, lírica, sobre nuestra pobreza rural y enfatiza una temática social que el chileno Jorge González Bastías alcanzó en 1924 con «Poema de las tierras pobres», donde denuncia la vida circundante al río Maule. Incháustegui Cabral sitúa su canto en la geografía de Baní, reproduciendo el dolor humano y el desamparo social como categorías políticas, aunque sin implicar -tal vez por desconocer la teoría marxista- la lucha de clases.
Hacia el final de «Dadnos del agua que hay en la tierra» (versos del 333 al 341, p.86) Incháustegui se atreve a gritar: «Hay que protestar andando desnudos / gritando el dolor por las plazas, / metiendo en cada herida cabellos y embustes / y lucirlas, cultivarlas… / Tirar a la cara del culpable el trapo sucio, / la venda hedionda, el hijo muerto, / la madre sin ojos y e1 padre sin honra / sin color, casi sin sombra, / dejado de la mano de Dios sobre la tierra.”
Este poema obliga al investigador a preguntarse: ¿qué habría acontecido si Incháustegui Cabral hubiese estado inmerso en la práctica ideológica del marxismo?.
«Poemas de una sola angustia» marca el inicio de un itinerario clausurado por la incursión de Héctor Inchaustegui Cabral en la única ocupación posible para el intelectual de aquellos años: el periodismo, el cual le abrió las puertas hacia su vinculación con la dictadura y, por lo tanto, con su separación de una literatura de compromiso.
Sin embargo, su poética merece una investigación mucho más rigurosa, profunda. En su obra, los gritos y angustias de los desamparados del Sur dominicano, como sujetos, constituyeron su vinculación subjetiva a una soterrada denuncia que los censores de la dictadura ignoraron (o aplaudieron) en silencio

