Independentistas haitianos siempre tuvieron la mira sobre Santo Domingo



Conforme afirmó en sus días uno de los oficiales enviados desde Francia para enfrentar la rebelión haitiana de fines del siglo XVIII y principios del siglo XIX, para cuyo proyecto se formó una fuerza con alrededor de cincuenta y cuatro mil personas entre soldados y paisanos.

Lemmonier Delafosse, el relator, era oficial de aquella extraordinaria expedición humana; y en aquellos días escribió que la gran mayoría sucumbió por la fiebre amarilla aunque también, muchos, como víctimas de los enfrentamientos con los haitianos.

Aquella marea humana tenía el encargo de hacer ejecutoria la entrega a la República de Francia, de la colonia del Santo Domingo Español.

Cruzaron el océano al mando del general de división Charles V. Enmanuel Leclerc, cuñado de Napoleón Bonaparte. Duró unos pocos meses en la isla, pues a la cabeza de los contingentes desembarcados en el territorio de la colonia francesa al Oeste de la isla de Santo Domingo, fue de las víctimas marcadas por el fracaso de la expedición.

La fiebre amarilla hizo que lo sepultasen apenas en el año de 1801.

Más afortunados fueron los oficiales y soldados destinados al Santo Domingo Español. Entre ellos, el general de brigada Antonine Nicolás Kerveseau, designado por Leclerc para asentarse en la ciudad de Santo Domingo.

En las aguas frente a la ciudad se presentaron las naves a las órdenes de Kerveseau el 2 de febrero de 1802. Sus hombres no pudieron desembarcar, pues en condición de Gobernador de la plaza del Ozama, se hallaba Paúl Louverture, hermano de Toussaint, con instrucciones de éste de no acoger aquellas fuerzas.

Para ganar tiempo, Paúl, quien ostentaba rango de general de brigada, designó el 4 de febrero a donJuan Barón, recto y pundonoroso oficial criollo de la colonia española, para acudir ante los navíos franceses con encargo de averiguar qué deseaban. ¡Por supuesto que él, Paúl, sabía de los propósitos franceses!
Paúl, sin embargo, tenía instrucciones de su hermano Toussaint, de entretener a los franceses en lo que él “tomaba posesión de la isla” en nombre de Francia para hacer efectivo del Tratado de Basilea.

En el fondo, sembraba entre los oficiales haitianos la idea de proclamar la independencia de Haití atada al Santo Domingo Español para convertir la isla en una sola nación
“indivisible”.

Entre ese 2 de febrero y el día 21 al amanecer del cual Kerveseau envió a Paúl un reclamo perentorio de entrega del mando, ocurrieron sucesos que cubrieron de sangre y llenaron de luto a las familias de los criollos españoles.

Habiéndose organizado una conspiración con apoyo de Kerveseau, debieron levantarse en la madrugada del día 7 de febrero.

La falta de integridad y la deslealtad de algunos de los integrantes del plan, permitieron al general haitiano Guy Phillippe Naut, comandante militar de la Plaza de Santo Domingo, conocer del proyecto.

Naut persiguió tenazmente a los conspiradores, mató con atroces procedimientos a aquellos quepudo apresar y no logrando someterlos a todos, decidió quemar la villa de San Carlos, muchos de sus prohombres fueron igualmente sometidos a torturas deleznables.

Paúl Louverture se sintió horrorizado y lo llamó al orden. El mal, sin embargo, ya estaba sembrado. Supo Paúl, además, que Naut deseaba pasar a cuchillo a todos los criollos de Santo Domingo. Decidido a impedir el genocidio, llamó a la población a reunirse en la plaza inmediata al fuerte San Gil, para probarle a Naut lo incierto de la información de la existencia de una “gran conspiración”.

Reunidos hombres, mujeres y niños, llenos de temor, esperaron los resultados del encuentro. A la reunión se presentó Toussaint, quien llegaba a tomar posesión de la colonia española.

En un recorrido entre la multitud, debió Toussaint enfrentar a la señorita criolla doña Dominga Núñez, quien lo recriminó porque tocaba con el bastón de mando los pechos de las mujeres.
La tradición, recogida por historiadores del siglo XIX, habla de una orden para degollar a todos los presentes que no fueran haitianos.

Todavía no ordenado este criminal procedimiento, el cielo ennegreció y comenzó a caer una pertinaz lluvia.

Toussaint tomó el repentino cambio del clima como un mal augurio. Cambió de actitud ante los criollos y dispuso la disolución del encuentro.

Al reclamo de Kerveseau del día 21, por cierto, respondió Paúl al día siguiente, 22 de febrero, cuando entregó la Plaza de Santo Domingo, y con ella la colonia del Santo Domingo Español, a la República de Francia.