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Jorge Severino

Jorge Severino

Chiqui Vicioso
luisavicioso21@gmail.com

El recién fallecido artista plástico Jorge Severino encarnó frente a nosotros una poética fundamental para la explicación de su trascendencia, porque es la poética de la no renuncia al derecho de recrear el mundo a nuestra imagen y esperanza, en uno de los períodos más difíciles por los que atravesaba la vida nacional, el del asalto a nuestra identidad como islas caribeñas, con poblaciones negras y mulatas, sometidas a un esfuerzo permanente de las élites por borrar todo lo que de glorioso tiene nuestra historia como cimarrones, como “indios” y mulatos, como sobrevivientes de esa gigantesca mezcolanza que fue el colonialismo y la esclavitud.
Si “servir de puente para que cada parte constitutiva y todo el conjunto de una obra muestre un hecho nuevo, independiente del mundo externo, desligado de cualquier otra realidad que no sea la propia” es, según los artistas Creacionistas, herederos del poeta chileno Vicente Huidobro (“No hablen de la rosa, háganla surgir en el poema”) crear, Jorge Severino con sus negras esclavas convertidas en reinas y princesas de una corte del realismo mágico, del Siglo de las Luces del escritor cubano Alejo Carpentier, fue un artista fundamental.
Si originar lo asombroso y darle vida, recreando el lenguaje de las cosas que jamás podrán existir en la realidad objetiva, pero que existen, es hacer poesía, Jorge Severino fue un gran poeta.
Si dominar, según los cánones de la estética, la técnica de recrear el mundo objetivo, transformarlo y luego devolverlo como un mundo nuevo que se añade a viejo, con un nuevo estilo, es hacer arte, Jorge Severino era un artista.
Si ver y escuchar lo que tienen que decir las casas victorianas de Puerto Plata, los cañaverales, la fibra, el encaje, el tornillo, la tierra, sujetos invisibles para la sensibilidad unidimensional a que nos acostumbraron, es practicar la magia, Severino era un mago mayor.
Si sentir la cólera, la ternura y la belleza de lo antes no visto es conocer su destino y con pasión romper sus limitaciones es ser hombre entero, Jorge era entera humanidad.
Ser creador, artista, mago y hombre entero es ir definiendo sin enunciar y ¿sin proponérselo?, una estética sino nueva más integral, más humana, fundamental para estos tiempos de intemperie donde la indigencia amenaza con invadir el universo de lo ritual (el reinado de Ogún y sus vírgenes, de Ochún y Yemnhá, del río Níger donde originaron todos los dioses de otro Panteón que Severino incorporó en su idiosincrasia de hombre negro que se creía taino.
Artista que supo liberarnos de esta red de 42,000 kilómetros cuadrados, mediante la poesía de sus imágenes, y sus negras mujeres – diosas, su maravilloso código libertario.
Descansa en paz!

El Nacional

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