Al honorable magistrado Reymundo Mejía, juez del Primer Juzgado de la Instrucción del Distrito Nacional, le ha tocado la delicada misión de realizar el juicio preliminar del lamentable caso del Jet Set. En esta fase del proceso penal no se busca determinar la inocencia ni la culpabilidad de los acusados, sino los méritos que pueda tener el caso para ser enviado a juicio de fondo, con la medida de coerción correspondiente.
La tragedia que se produjo con el desplome del techo en ese centro de diversión nocturna enlutó a todo el país. Murieron unas 236 personas y otras salieron con heridas diversas.
Por fortuna, el caso del Jet Set está en muy buenas manos. El magistrado Reymundo Mejía es un juez experimentado, especialista del derecho penal. Fue defensor público y tiene un doctorado en ciencias jurídicas. Sus criterios garantistas del debido proceso, la tutela judicial efectiva y el derecho de defensa son ejemplos, en la práctica, de la judicatura nacional. La figura del buen juez debe medirse por la serenidad con que aplica justicia, no por el ruido mediático. Más aún en este asunto del Jet Set en que la sociedad sigue con expectativas el proceso y que se desbordan las pasiones y juicios adelantados.
Precisamente, en ese escenario, surge la grandeza del magistrado, que se manifiesta en escuchar todo y solo someterse a la Constitución y las leyes.
Un buen juez garantiza la igualdad entre las partes. Ni fama, ni poder, ni influencias pueden inclinar la balanza. La víctima merece respeto; el acusado, defensa plena; la ciudadanía, una decisión motivada suficientemente, y que legitime al juez. Cada prueba debe examinarse con rigor, cada testimonio con prudencia y cada argumento con imparcialidad.
Ciertamente, la justicia no puede ser venganza, pero tampoco complacencia.
También es buen juez quien protege el debido proceso. Los plazos razonables, la transparencia de las audiencias y el lenguaje claro. Todo para fortalecer la confianza pública en la administración de justicia.
Impartir buena justicia no es solo dictar una pena o absolución, es explicar con propiedad por qué se llegó a esa conclusión y demostrar que la norma se aplicó sin favoritismos. En asuntos sensibles como el del Jet Set, la templanza vale tanto como el conocimiento jurídico. El magistrado debe resistir campañas, rumores y amenazas veladas. Su deber no es agradar, sino decidir conforme a derecho y conciencia.
Cuando un juez actúa así, gana toda la sociedad, porque se robustece la credibilidad institucional. Sabemos que cuando la justicia gana credibilidad, gana todo el país. El mensaje que se envía es que nadie está por encima de la ley ni fuera de su amparo.
Esa conducta la ha mantenido el magistrado Reymundo Mejía. Es de servidores públicos honestos, que desalientan abusos y recuerdan que la autoridad legítima nace del respeto a las normas.
Así se fortalece la paz social y la esperanza de quienes creen en la justicia.

