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Kamala: otro milagro

Kamala: otro milagro

Chiqui Vicioso

EL Caribe es un fiesta, diría esta vez Hemingway, escuchando a Bob Marley y sus reggaes en las barriadas jamaiquinas, no solo populares.

Otra vez Jamaica acude al rescate de los Estados Unidos, a través de una bella mujer, de origen jamaiquino e hindú: Kamala Harris, única negra elegida como vice presidenta, y próxima presidenta de esa gran nación, aunque Trump esté preparando a su barbie Ivanka como presidenta del movimiento con que pretenderá dividir al Partido Republicano y crear una tercera fuerza.

Esto, si las medidas Rooseveltianas de Biden, que beneficiarán toda la case trabajadora, no logran convencer a los 74 millones de blancos, en su mayoría trabajadores, que votaron por Trump, de que fueron víctimas de un “reality show”, donde predominó la mentira y la manipulación incesante.

Y digo que otra vez Jamaica ha acudido al rescate de USA, porque fue un trabajador jamaiquino de la caña: Marcus Garvey, bracero emigrante al sur de los Estados Unidos, quien organizó la primera Asociación para el Avance de la Gente de Color, convirtiéndose en padre de la emancipación negra.

Infatigable, Garvey viajó al Limón, en Costa Rica, y a San Pedro de Macorís, para organizar una “internacional” de obreros negros y promover la venta de bonos con la cual comprar los barcos para que los esclavos pudieran regresar al África, no entendiendo que sus planes coincidían con el clamor de los racistas de “retornarlos a su tierra”.

Perseguido y arrestado en múltiples ocasiones, Garvey fallecería sin ver hecho realidad sus sueños libertarios, primero con la elección de Obama y con la de Kamala Harris, quien visualiza el gran aporte de los inmigrantes a ese gran salcocho que son los Estados Unidos.

De ella me encanta su risa, franca, libre, de persona a quien no lograron destruir en un Estado: California, que pertenece a México porque es parte, junto con la Baja California y Texas, de la mitad del territorio que en su fase expansiva, Estados Unidos le arrebató a México.

Por eso, 84% de la juventud latina de California votó por Biden. Hijos e hijas de inmigrantes mexicanos que cruzando la frontera que les impusieron, a fuego y sangre, regresan en masa a su casa.

Es esta la maravillosa cara de la emigración, la que no se cuenta, la que supremacistas blancos como Trump, hijo a su vez de inmigrantes europeos, demonizan, intentando culpar a los mexicanos, como en la Depresión, del fracaso de la desmedida ambición de sus capitalistas.

He ahí el lento, pero indetenible triunfo de lo caribeño y latino: nuestro legado gastronómico, sexual, musical, lingüístico y profesional, artístico.
Le toca a Adriano enseñarle a Kamala a bailar merengue.

Por: Chiqui Vicioso

luisavicioso21@gmail.com

El Nacional

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