La invasión de Luperón marcó a junio como un mes tormentoso para Trujillo



Era el mediodía del 19 de junio de 1949, cuando desde el pequeño cuartelito de, próximo a la bahía de Luperón se observó al hidroavión Catalina mientras planeaba para acuatizar.

Con diez años de precedencia respecto de la siguiente acción libertaria, la del 14 de junio de 1959, el grupo de Luperón marcaba al mes de junio como un tiempo tormentoso para la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo.

Al momento de descender el aparato sólo se hallaba de servicio el raso del Ejército Leopoldo Puente Rodríguez. Cabe señalar, que el cuartelito de la época era de muy escasa dotación militar.

Sobre este soldado existió, por la época, una versión oficial citando su valor y abnegación trujillista. Después del año 1961 mi hermano Antonio y yo conocimos historias distintas.

Conforme llegué a escuchar en mi niñez, Puente Rodríguez enfrentó “con heroicidad” a los invasores. Por eso fue ascendido a sargento mayor.

De boca de Horacio Julio Ornes Coiscou, jefe del grupo antitujillista, escuché planteamiento alternativo.
Quizá por desconocimiento de las intenciones libertarias de los recién llegados o por ánimo de supervivencia, Puente los recibió dispuesto a cooperar con ellos.

Horacio Julio hablaba con reticencia de esta etapa de su vida. Cuando se le preguntaba sobre ello, se mostraba más inclinado a hablar de su suegro o de su cuñado.

El suegro, don Juancito Rodríguez, consagró su fortuna a patrocinar varios movimientos destinados a liquidar la dictadura de Trujillo. De hecho, el hidroavión utilizado en esta invasión fue comprado por él.

Otros aviones dispuestos para completar al grupo armado y comandados por el general Miguel Ángel Ramírez Alcántara y por el propio Juancito como jefe militar, también fueron adquiridos por él.
Pero ninguno de estos otros aparatos pudieron hacer el viaje a República Dominicana.

El avión con el grupo comandado por Ramírez Alcántara fue incautado por el ejército mexicano en Cozumel. Este vuelo fue previsto para aterrizar en un aeródromo en San Juan de la Maguana.

El aparato en el que viajaba el de don Juancito fue impedido de salir de un aeródromo situado cerca de ciudad de México.

El tercero, comandado sus hombres por el teniente coronel español Alberto Bayo, perdió sus pilotos, atemorizados al saber el destino de la expedición.

Mi hermano Antonio me informó que Bayo era un antiguo oficial republicano, contratado por don Juancito para entrenar los invasores de 1949. Pocos años después, Bayo organizó militarmente los hombres de Fidel Castro que partieron a Cuba en 1953.

Don Juancito perdió su fortuna en tales intentos de derrocar mediante acciones armadas, la dictadura de Trujillo.
Pero don Juancito no solamente perdió su dinero. El doctor Horacio Rodríguez, hijo de don Juancito, y cuñado de Horacio Julio Ornes, participó en la invasión del 14 de Junio de 1959 y murió en acción.
Comprometido con Horacio Julio, José Rolando Martínez Bonilla, provenía de dos familias poco inclinadas a los Trujillo.

Trabajamos juntos en HIJB. Él tenía a cargo la administración en tanto, yo, la dirección.
Siempre que el tiempo lo permitía, tocábamos el tema de la invasión de junio de 1949.

Un día decidí conocer su versión sobre la “patriótica lucha” del raso Puente contra ellos. José Rolando casi calcó lo expresado, años antes, por Horacio Julio.

Ambos entendían comprensible la recepción inicial hecha por el raso Puente al grupo y su posterior enfrentamiento.

-¿Cuántos aparatos aéreos ha visto llegar a la bahía de Luperón este soldado?, preguntó. Era una pregunta retórica para explicarse el apoyo ofrecido.

El piloto del Catalina era John M. Cheewing y el navegador, George Raymond Scruggs. Son “americanos” y éstos, amigos del Jefe.

Muy lógicamente, el raso Puentes ofrece su bienvenida a los soldados “llegados de la capital”.
Los contempla apropiarse del radio e iniciar contactos con personas mencionadas en informes confidenciales como antitrujillistas. Además, escucha el “cantaíto” de algunos de los presentes.

Debe recordarse que en el grupo se encuentran los nicaragüenses Alejandro Seleva, José F. Córdova Boniche y Alberto Ramírez; el costarricense Alfonso Leyton, el salvadoreño Manuel Calderón; y los estadounidenses mencionados, Chewing y Scruggs y el mecánico, Joseph Maroot.

Los tres estadounidenses fueron contratados por don Juancito como operadores del aparato aéreo.
Dominicanos propiamente eran Horacio Julio, quien comandaba el grupo; José Rolando, Francisco Horacio Henríquez Vásquez, Hugo Kundhart, Tulio H. Arvelo y Miguel Ángel Feliú.

Entonces es cuando los uniformes militares del grupo pierden significado para el raso Puente, quien cambia de actitud y se enfrenta a quienes llevan a cabo la acción destinada a devolver la democracia a República Dominicana.