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La inversión extranjera

La inversión extranjera

Mientras el presidente Luis Abinader aprovecha la más mínima oportunidad para llevar ante empresarios extranjeros las bondades que representa invertir en República Dominicana, hay funcionarios que, al parecer, no entienden o no les importa el contenido del mensaje.

En el área de minería hay ruidos creados desde las esferas oficiales, al igual que el caso de la instalación de una planta de energía en el río Ozama.

Igual pasa con Robinson Canó, a quien una empresa de su propiedad le otorgaron un contrato para la recogida de basura en San Pedro de Macorís, pero tres meses después fue rescindido y calificado de ilegal.
Eso ocurre mientras exigimos a los peloteros dominicanos de Grandes Ligas que inviertan aquí, bajo el argumento de la supuesta seguridad jurídica del país.

Sin embargo, el caso que más llama la atención fue la decisión unilateral de la CAASD de rescindir el contrato con la empresa española AAA Dominicana, precisamente en un momento en el que Abinader se encontraba en España promoviendo el clima de inversión de República Dominicana.

Estando el jefe del Estado dominicano en una audiencia con el rey Enrique VI, no era la coyuntura apropiada para rescindir un contrato cuya vigencia legal terminaba en febrero de 2022, o sea faltaba 10 meses.

Cuál era la prisa, máxime cuando el doctor Antoliano Peralta, el 5 de noviembre del 2020 había enviado a la CAASD un oficio con el siguiente razonamiento: “Es de opinión de esta Consultoría Jurídica que lo más recomendable para la solución del conflicto que se trata sería llegar a un acuerdo o salida negociada mediante la cual puedan terminar la relación comercial sin traumas para ninguna de las partes”.

Pero lo más terrible, es que la gerente general de AAA Dominicana, ingeniera Odette Hasbun Rosania, había advertido al Presidente Abinader en una carta del 29 de octubre de 2020 que la rescisión del contrato, de manera unilateral, implicaría para la CAASD una erogación de alrededor de RD$ 1,000 millones de pesos.

Mientras el Gobierno permita que los funcionarios tomen acciones de este tipo, pregonar que este país es un paraíso para la inversión extranjera, será lo mismo que arar en el desierto.

Por: José Antonio Torres
josetorres60@hotmail.com

El Nacional