Las batallas de la Virgen



El sentimiento de amor hacia la madre es uno de los más arraigados, poderosos y sublimes que caracterizan la humanidad. En la cultura cristiana católica y ortodoxa , que eleva la figura de la mujer y la madre, se proyecta y sublimiza hacia María, la madre de Jesús, madre de Dios.

En el calendario litúrgico, la celebración de La Altagracia corresponde al 15 de agosto, pero la providencia quiso que fuera el 21 de enero cuando se produjo un gran “milagro” o favor bélico: en la batalla de la Limonade en 1691, fuerzas de Higüey encomendadas a la Virgen fueron decisivas y salieron del lance sin un rasguño.

Muchas veces me he preguntado cuál hubiera sido curso de la historia de la Isla de Santo Domingo y sus dos comunidades nacionales, si las fuerzas españolas, auxiliadas de los criollos, hubieran sido derrotadas. Tal vez Francia hubiera dominado toda la Isla antes del Tratado de Basilea en 1795, o quizás su espacio territorial sobre la parte occidental hubiera sido mucho mayor.

Muchos ignoran este hecho, y otros que lo conocen, quisieran su olvido, pero obvian que Dios es el Señor de la historia, y también el Señor de los ejércitos, presente en la paz y en el fragor de las batallas.

Refiere John Fleury que el asalto de las tropas higueyanas, que levantaban el estandarte de la Virgen en la Limonade, fue tan fulminante y arriesgado que eliminó en poco tiempo a 37 oficiales del estado mayor francés, entre ellos el gobernador De Cussy y el teniente general Fransquenay , sin un solo herido de los atacantes.

Descabezó el ejército contrario, que previamente había incendiado Santiago. Tampoco fue casual que Los Trinitarios escogieron el 16 de julio para fundación del movimiento patriótico, ni la casa de doña Chepita Pérez, frente a la Iglesia del Carmen: en esa fecha en 1212 se ganó sorpresivamente la batalla de Las Navas de Tolosa contra los moros, primera gran victoria en el proceso de reconquista, refiere Alcides García Lluberes… !Viva la Virgen del Carmen, y mueran los franceses!, clamaban también mucho tiempo después los españoles durante la Batalla de Bailen trabada días después el 16 de julio, en la guerra de independencia de España que inmortalizó Benito Pérez Galdós en sus “Episodios nacionales”.

El culto a la Virgen de las Mercedes está asociado a un enfrentamiento de un puñado de españoles encabezado por Cristóbal Colón con miles de indígenas belicosos que se libró en 1495, en el Santo Cerro, donde se había levantado una gran cruz con un árbol de nísperos, y se produce la aparición salvadora.

La patrona asociada a otra batalla. “Dios escribe derecho en líneas torcidas”: que un puñado de españoles no pudiera ser vencido por miles de indios sublevados por los abusos de los conquistadores, en modo alguno significa que era un Dios proespañol.

Recordemos que con Colón vino la espada y la codicia, y también la cruz, los evangelios y la esperanza. Poco después Montesinos y los dominicos iniciarían un clamor que no cesa, dentro de una lucha moral por los derechos de los pueblos y las personas.

La guerra es una experiencia humana extrema, que nos acerca a la muerte y revaloriza la vida, donde aflora lo mejor y lo peor del alma humana. Es por eso que en todos los tiempos los hombres invocan a poderes sobrenaturales antes de las batallas, y suele producirse lo impensable.

El 7 de octubre de 1571 fue consagrado por el Papa a Nuestra Señora del Rosario para conmemorar la victoria de la flota europea contra la enorme armada musulmana, en la célebre y decisiva Batalla de Lepanto, en la que Cervantes perdió uno de sus brazos, porque en toda Europa se hizo oración mariana.

En nuestra gestas de independencia americana, la invocación a la Virgen ha estado ampliamente presente. En Méjico, la Guadalupe fue el estandarte fundamental del ejército insurgente de Morelos e Hidalgo, irónicamente en oposición a la Virgen de los Remedios de las fuerzas realistas. La Virgen Morena en el frente de Batalla.

También en Cuba fue la Virgen de la Caridad del Cobre, la Virgen Mambisa, una fuerza espiritual de los combatientes de la independencia mientras la diplomacia vaticana apoyaba a España y proscribía a los insurrectos: años después la oficialidad del ejército libertador es la que solicita al Papa Benedicto XV que la declarara patrona de Cuba.

Cuando el mundo se había precipitado en el abismo ominoso de la gran guerra, y mientras se iniciaba la utopía sangrienta del comunismo en Rusia, el 13 de octubre de 1917, en Fátima se produjo la aparición de la Virgen que se convirtió en un fenómeno extraordinario de masas de oración y conversión, que dura hasta el presente y se proyecta al porvenir.

Pero no siempre es la Virgen: Juana de Arco, una humilde campesina, conduce a Francia a victorias portentosas, respondiendo a unas voces de dos santas, entre ellas, Santa Catalina de Siena. La que primero fue quemada en la hoguera luego terminaría canonizada…y cosas de la historia, la devoción por esta guerrera santa renació con fuerza durante la I y II Guerra Mundial , elevando la moral de las tropas aliadas.