No solo el alza de los precios del petróleo ha colocado la economía contra las cuerdas, aunque todavía el Gobierno conserve cierta capacidad de maniobra.
También los torrenciales aguaceros, que por ahora han provocado el desplazamiento de más de ocho mil personas e incomunicado a 45 comunidades.
La combinación de ambos elementos complican aún más un panorama que a las autoridades no les queda más alternativa que enfrentar con las medidas que aconsejen las circunstancias.
Tras el impasse en las negociaciones sobre un acuerdo de paz en el golfo Pérsico, el petróleo se ha mantenido últimamente por encima de los 100 dólares el barril. En medio de las presiones de los precios del hidrocarburo y sus derivados, las lluvias de estos días han golpeado a familias vulnerables en diferentes comunidades.
Un boletín del Centro de Operaciones de Emergencias (COE) dice que alrededor de 1,700 viviendas también han sido afectadas por las inundaciones.
Aunque se dispongan de los recursos para socorrer a las familias afectadas con alimentos y alojamiento, así como restablecer la comunicación en poblaciones que han quedado aisladas la situación no deja de ser traumática.
Con el alza del petróleo y el impacto de los fenómenos atmosféricos el Gobierno y el país pasan por un momento difícil, que supone por lo menos mucha ecuanimidad de todos los sectores. Nadie debe hacerse el desentendido. Más que cuestionamientos el momento demanda colaboración.

