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Locomotora sin parada

Locomotora sin parada

Héctor Minaya

El sector turístico en la República Dominicana se ha consolidado como el principal motor de crecimiento económico y el mayor receptor de divisas de la nación.

Al inicio del año 2026, la industria no solo exhibe una recuperación total post-pandemia, sino que ha entrado en una fase de expansión sin precedentes, caracterizada por la diversificación de los polos turísticos y un robusto apoyo del sistema financiero nacional.

De acuerdo con las estimaciones de cierre del año fiscal 2025, el aporte del turismo al Producto Interno Bruto (PIB) se sitúa en un 16.1%, lo que equivale a un valor nominal aproximado de US$21,000 millones. Esta cifra refleja el efecto multiplicador del sector, que impacta directamente en el comercio, el transporte y la producción agroindustrial local.

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La confianza de los mercados internacionales se manifiesta en el flujo de Inversión Extranjera Directa (IED), la cual alcanzó los US$1,323 millones en el último ciclo, representando más de una cuarta parte del total de la IED captada por el país. Por otro lado, la inversión del turista nacional ha cobrado un peso específico relevante, con un gasto interno que ascendió a US$3,900 millones, evidenciando una democratización del consumo recreativo y el fortalecimiento del turismo interno.

En términos de infraestructura, la República Dominicana cuenta actualmente con una oferta de 85,000 habitaciones hoteleras. Este inventario se complementa con una tasa de ocupación promedio anual del 71%, demostrando una gestión eficiente de la estacionalidad.

Para el cierre del año 2026, las autoridades gubernamentales y el sector privado han fijado una meta estratégica de 12 millones de visitantes (incluyendo la vía aérea y de cruceros), fundamentada en la apertura de nuevos desarrollos en zonas emergentes como Miches y el proyecto de Cabo Rojo en Pedernales.

El crecimiento sostenido del sector ha sido posible gracias al apalancamiento financiero de las principales instituciones bancarias del país, cuya cartera conjunta de crédito al turismo es un pilar de estabilidad. El  Banreservas ha jugado un papel determinante como facilitador de la inversión pública-privada, gestionando y apoyando proyectos que superan los US$4,000 millones en capital estructurado, especialmente en polos estratégicos de desarrollo estatal.

El Banco Popular Dominicano  mantiene también su participación en financiamiento al sector, con una cartera de préstamos consolidada cercana a los US$1,900 millones, enfocada en grandes cadenas internacionales y sostenibilidad.

El Banco BHD ha especializado su oferta en el apoyo a la cadena de valor y el desarrollo de infraestructura complementaria, manteniendo una participación activa que fortalece el ecosistema crediticio turístico.

El panorama turístico de la República Dominicana en 2026 se define por una tríada de éxito,  seguridad para el capital extranjero, una banca nacional comprometida con el desarrollo a largo plazo y una expansión sostenida de la capacidad habitacional. La meta de los 12 millones de turistas no es solo un objetivo numérico, sino un indicador de la madurez de un modelo económico que prioriza la resiliencia y la competitividad global.

A inicios de este 2026, hablar de la República Dominicana es hablar de un milagro económico que se escribe con arena y sol, pero que se sostiene con acero y visión financiera. El sector turístico ha dejado de ser una «industria más» para convertirse en la verdadera columna vertebral de nuestra estabilidad macroeconómica.