Editorial Opinión

Macondo

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Con la suspensión de los servicios a ARS Humano, suman seis las Administradoras de Riesgos de Salud contra las cuales el Colegio Médico (CMD) y sociedades médicas especializadas han decretado la desafiliación temporal o definitiva de sus miembros, con afectación para millones de pacientes que tendrían que pagar en efectivo las consultas o atenciones hospitalarias.

Esa acometida del CMD y de sociedades médicas resulta un contrasentido porque dispara contra las administradoras de riesgos de salud, pero hace blanco en los bolsillos de los pacientes, además de garantizar mayores utilidades a esas empresas, en vez de causarles daños.

Como consecuencia de esas desafiliaciones, los carnets de seguros médicos resultan inválidos en consultorios médicos, así como en servicios que esos profesionales presten en cirugía o internamiento, los cuales deben ser costeados por propios pacientes o sus familiares.

Aunque las empresas aseguradoras prometen a sus afiliados un desembolso del dinero pagado, en caso de que llegue a materializarse, sería bajo los parámetros actuales de pagos a los médicos por las diferentes prestaciones, que sería mucho menor a lo cobrado por esos facultativos.

Es obvio que los pacientes asegurados han sido colocados por el Colegio Médico y sociedades especializadas en el centro del Coliseo para ser devorados por los leones y, peor todavía, el Gobierno no ha dicho siquiera esta boca es mía, a pesar de que en términos reales el servicio de salud está a punto de colapsar.

El seguro médico privado se formaliza a través de un contrato de filiación entre el trabajador o empleado y la prestadora de servicio, con la aquiescencia del empleador que se compromete a aportar la mayor parte de la cuota mensual acordada como pago a cambio de prestaciones previamente identificadas.

Ante la violación de un convenio de esa naturaleza, ¿A quién puede o debe demandar el paciente, al que se le niega prestación de servicios médicos previamente contratados bajo la formalidad de un contrato? ¿Quién surge como incumplidor? ¿El médico? ¿La prestadora de servicio? ¿El Gobierno?

Millones de pacientes han sido convertidos hoy en bola de billar puestos a rodar en un absurdo entramado, golpeados indistintamente por el Colegio Médico, sociedades especializadas y Administradoras de Riesgos de Salud, como si este país fuera algo menos que Macondo, el de la novela.

El Nacional

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