Da pena, mucha pena ver de como el morbo por las diferentes redes sociales ha ido en aumento. Nadie, absolutamente nadie escapa a ese monstruo cuya morada radica en las perversas mentalidades de aquellos que solo consiguen obtener la mayor cantidad de likes, no importando a quién o a quiénes se lleven por el medio.
Tipejos y tipejas de la capital, de Salcedo, Tenares, Baní, Barahona, de Lawrence, New York, en fin, de cualquier rincón del planeta, solo tienen que tener un celular o una tablet a manos y ya son dueños o dueñas de la verdad absoluta.
Much@s de est@s, con un discurso elaborado en base a mezquindades y a datos frívolos y dañinos, les dan rienda suelta a sus imaginaciones. Propagan hasta por encargo de terceros todo tipo de veneno o desinformación que un amplio grueso de la población, cautiva en su inmensa mayoría, les dan el visto bueno y acogen dicha “información” como una gran “verdad”.
Pongo como ejemplo mi provincia Hermanas Mirabal, en donde existen laboratorios de la maldad, algunos regenteados bajo la sombra por pseudocomunicadores que propagan calumnias, desinforman (a veces hasta por encargo, repito), vierten todo tipo de veneno, pero sobre todo, esparcen sus desinformaciones con tal agallas, que algunos de los que sí nos hemos formado y de un importante grueso poblacional, no nos queda más que observar de lejos las tantas miserias humanas que pululan como pus en una piel social que me temo, le podrían diagnosticar cáncer en cualquier momento.
Puse como ejemplo mi lar nativo, pero el caso se repite en todo el país, en el mundo; es la sociedad misma que está enferma e inundada por tantos mequetrefes que con un dispositivo en sus manos se han creído dueño de la tranquilidad emocional de la sociedad.
Estamos engullendo sin ningún tipo de anestésico grandes porciones de cicuta. Si las autoridades no ponen su atención y con ejemplificadoras acciones legales les hacen frente a esos demonios y morbosos digitales, más temprano que tarde nos convertiremos en una gran selva, en donde solo tendremos como opción el grito de guerra de sálvese quien pueda.

