El Gobierno parece ya reconocer que contra el país se hilvana una campaña de descrédito dirigida al parecer a debilitar su indiscutible liderazgo como destino turístico en Centroamérica y el Caribe, pero a la par de defenderse frente a esos despropósitos se requiere subsanar falencias que drenan la seguridad ciudadana.
En menos de dos semanas, los gobiernos del Reino Unido y de Canadá emitieron por separado notas de alerta a sus ciudadanos que deseen viajar a República Dominicana en las que advierten sobre alta tasa de criminalidad, riesgos de sufrir robos o crímenes violentos.
Esas notas de advertencia parecen idénticas en su redacción y contenido, como si fuesen gestionadas por lobistas, aunque no se reportan casos de violencia contra turistas de esas nacionalidades: Por el contrario, el Gobierno británico admite que 179 mil ingleses viajaron a República Dominicana en 2018 sin informe de percances.
El Departamento de Estado suele alertar a turistas estadounidenses sobre tipos específicos de riesgos detectados en diferentes países, pero casi nunca esos documentos se redactan como amplio prontuario de delincuencia y criminalidad, como si la intención fuera presentar al destino de referencia como el mismo infierno.
El Gobierno de Canadá ha exagerado muy grandemente al señalar que el riesgo de robo persigue a los turistas hasta el mismo aeropuerto, además de advertir que sus pertenencias no están seguras ni dentro de la habitación hotelera y que también pueden sufrir asaltos sexuales.
Los riesgos de delincuencia en República Dominicana, con distancia guardada, no son ajenos a la cotidianidad de cualquier ciudad europea, aunque se admite que en esas naciones los niveles de seguridad y prevención son infinitamente mayores.
Sucesos fatídicos y coincidentes, como decesos o accidentes de turistas estadounidenses, atribuidos a causas médicas o circunstancias no imputables a autoridades, personal de hoteles ni tipificadas como asaltos u otros tipos de robos agravados, son usados hoy para alimentar la campaña de descrédito contra el turismo nacional.
Para contrarrestar la difusión de maledicencias, se requiere también que el Gobierno, Ministerio Público, Policía Nacional, Policía Turística, autoridades aeroportuarias, de tránsito y sector hotelero aúnen esfuerzos para enfrentar toda forma de delincuencia, criminalidad y desorden vial, y conjurar así la percepción que se intenta prefabricar de que este país es un infierno.

