Otra vez la violencia



No es cierto que exista una “campaña” de descrédito contra la República Dominicana. Tampoco es cierto que República Dominicana sea un país inseguro para los turistas. Nuestro país, como cualquier otro país del mundo, tiene sus problemas, algunos muy graves y otros no tan graves, lo que sí tenemos es una poco sana adicción al tremendismo, del cual como sociedad debemos seriamente considerar rehabilitarnos.

En un lapso corto de tiempo tres lamentables noticias coincidieron para ponernos en los ojos de la opinión pública internacional, y poner en tela de juicio la seguridad en nuestro país. Bajo los estándares de países con alto desarrollo humano somos, en efecto, un país violento y con altos índices de criminalidad.

Sin embargo, en comparación con el resto del continente Americano, somos sensiblemente menos violentos que una cantidad significativa de nuestros pares, y contrario a varios de esos países, nuestro índice de homicidios ha ido reduciéndose de manera consistente en los últimos 15 años.

El problema grave que sí tenemos, y la principal razón por la que la reciente sucesión de eventos adquieren el carácter de una crisis de identidad nacional, es porque no somos efectivos en atender esas situaciones y las autoridades, frente al público, no parecen determinadas a no solo responder a estos hechos puntuales sino también a ofrecer soluciones más permanentes.

Si bien un caso puntual de un intento de asesinato o atraco es notoriamente difícil de prevenir, la protección al consumidor de nuestros servicios turísticos es relativamente fácil de establecer con las estructuras ya existentes.

Las muertes de turistas en la República Dominicana seguirán ocurriendo por diversos motivos, lo que sí podemos mitigar ese riesgo fijando estándares de atención a nivel de toda la industria, seguridad, comunicación y estableciendo canales de acceso para los turistas a nuestras entidades de seguridad pública y protección al consumidor, dejando claro a aquellos que nos visitan que no sólo son bienvenidos a pasar un buen rato y gastar sus tan preciadas divisas, sino que su seguridad es prioridad no solo de los hoteles que les acogen, sino del mismo Estado dominicano.

Por supuesto, lo anterior no debería ser una sensación que únicamente se debería ofrecer a nuestros queridos turistas, sino que es un derecho que tenemos todos los ciudadanos en nuestro país. Pero ya sé, por años lloviendo sobre mojado con ese tema, que eso no viene por ahora.