Juan Emilio Bosch Gaviño y José Francisco Peña Gómez fueron el balance para que su figura fuera estelar, sobre la cual se desarrolló el proceso de apertura democrática desde 1961, tránsito caracterizado por sus movimientos pendulares y que aún no termina por concretarse.
Balaguer Ricardo fue un hombre hecho durante la dictadura de Trujillo Molina y con condiciones personales e intelectuales muy especiales, fue el heredero político del sátrapa, que supo ponerse a tono con los nuevos tiempos y acudir ante la OEA, Organización de Estados Americanos a denunciar el régimen caído y fue factor importante en la salida de los remanentes del trujillismo.
Balaguer Ricardo fue implacable con sus enemigos políticos, uno de sus grandes éxitos en la política dominicana fue mantener desunidos a sus opositores, sobre todo a los que encarnaban una visión más democrática de la sociedad.
Las virtudes no son abundantes en los seres humanos, y de Joaquín Antonio hay que decir, sin ninguna probabilidad de equívoco, que fue un hombre asceta y virtuoso.
Pues, a lo largo de su vida pública, con hechos tangibles, demostró que supo perdonar a sus más encarnizados adversarios, cederles o laborar con ellos a favor del bien común, pero, además, con una profunda fe cristiana y en sí mismo fortalecido todo por esa paciencia, esa prudencia que por sí sola constituía una virtud. Supo escuchar a todos…
El último que quedaba vivo de aquel grupo de hombres a quienes la historia les mantiene una página en el liderazgo político nacional e internacional donde no entran todos los que se dedican a esa actividad, aunque hayan ocupado el solio presidencial.
República Dominicana tiene hombres y mujeres con liderazgo, ¿quién o quiénes? se pondrán de cara al sol frente a la política nacional con respeto a los derechos humanos y la acción de progreso nacional.
Lo que es cobijo de verdad, es que el Congreso Nacional, integrado por perredeístas, peledeístas y reformistas, declararon a Joaquín Antonio Balaguer Ricardo, Padre de la Democracia. Justamente, un hombre que vivió y vive en la cresta del éxito político quisqueyano.
El autor es periodista y politólogo.

