Preocupante



Muy preocupante es aprovecharse de la desinformación en que acostumbramos a vivir en estas épocas, para manipular la dejadez y desgana, sembrar la inquina y esperar resultados que favorezcan la tergiversación malvada. Y nos referimos al tema del momento, el invento de la “ideología” de género como concepto que emerge, a raíz de la Orden 33-19 del MINERD. Por cierto, término que no aparece en ese documento.

No es una tarea difícil tratar de confundir en una sociedad asentada en tantos estereotipos y mitos con instituciones articuladasen este nuevo capitalismo del siglo XXI, neoliberal, con democracias disminuidas que, se caracterizan por la desigualdad, las crisis económicas y el escaso poder de las mayorías, los sectores más desfavorecidos.

Para identificar el origen de este invento de la “ideología” de género, compartimos la explicación de la reconocida filósofa Diana Maffia, quien dirige el Observatorio de Género en la Justicia de la Ciudad de Buenos Aires, y está al frente de la cátedra de Gnoseología (teoría del conocimiento) de la Universidad de Buenos Aires, de la que forma parte desde hace casi cuatro décadas, recientemente entrevistada por

Denisse Legrand

Maffia dice que hay un avance de la derecha fundamentalista y personas que, por algún motivo, eligen un dios vengador, autoritario y torturador, y en nombre de ese dios justifican sus acciones, pero aclara que no hay que confundir religión con fundamentalismos.

Refiere que la crueldad que tiene este tipo de discurso se ha ido apropiando de herramientas construidas desde los derechos humanos con mucha dificultad, para hablar “en nombre de los derechos humanos” y empezar a utilizar cierta terminología que no les es propia.

De acuerdo a Maffia, se empezó a hablar de ideología de género en el Vaticano, cuando se hizo la Conferencia Mundial sobre la Mujer, en 1995. En ese momento el papa, (Juan Pablo II), vio el feminismo como algo peligroso y empezó a decir que había una “ideología de género”, agregando que, “hay dos áreas que le preocupan mucho a la iglesia: la justicia y la educación”.

Y es preocupante que, en esta coyuntura, la misoginia y la homofobia identifique sobre todo e jerarquías eclesiales católica y evangélicas, unidas y al punto de ofrecerse, como en algunos casos, a aplicar una educación sexual en un porcentaje de escolares del país.

Los graves acontecimientos de pederastía clerical que empañan no solo a la Iglesia Católica, también a la Evangélica, deben ser, per se, un impedimento para que los grupos religiosos intervengan estos temas. Al menos hasta que no aclaren sus panoramas.