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Orlando Gomez

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La idea de usar energía nuclear en la República Dominicana históricamente ha sido el inicio de muchos chistes por parte de nuestros comediantes, por razones más que evidentes considerando nuestros estereotipos y los estigmas alrededor de esa fuente de energía.

Pero las posibilidades en materia de generación nuclear hoy en día son muy diferentes a las plantas descomunales que comúnmente se ven en otros países o las que provocaron tragedias como las de Chernobyl y Fukushima, por lo que no perdemos nada con dar una mirada.

El mundo de la generación nuclear ha evolucionado bastante y en los últimos años los avances en la reducción de costos y tiempo para su construcción e instalación y más importante aún en eficiencia sobre el uso y manejo de los desechos resultantes en la producción. Las plantas de 4ta generación, así como los reactores modulares pequeños pueden hacer un caso de uso interesante para países como el nuestro en la medida que habilitemos una economía de escala.

Hoy ya existen generadores nucleares de entre 300 MW y 1000 MW que pueden entrar en producción a apenas una fracción de los costos y espacio requerido por los reactores tradicionales. En las propuestas de desarrollo más recientes para este tipo de proyectos de generación nuclear, estos costos representan apenas una fracción de, por ejemplo, el costo de instalación de un proyecto como el de Punta Catalina.

El Estado no tiene que asumir los costos de su construcción y operación, dejando su manejo enteramente a empresas privadas que estarían en la obligación de demostrar su efectividad para viabilizar la venta masiva de esta solución en Estados más desarrollados donde persiste el escepticismo sobre la energía nuclear, debido a los estereotipos arrastrados de los generadores nucleares de 1ra y 2da generación.

La República Dominicana puede convertirse en el centro de innovación y desarrollo de la generación nuclear aprovechando la actual inercia al respecto en los países más desarrollados, pudiendo hacernos focos de interés de inversión de este tipo justo cuando se empieza a profundizar la necesidad de atender los requerimientos del Acuerdo de París y lo pactado más recientemente en COP26 para combatir el cambio climático.

La energía nuclear ha vivido durante décadas el estigma generado por accidentes como el de Chernobyl, Fukushima y el de Three Mile Island, pero ya han pasado casi 6 décadas desde la creación de esos generadores y la tecnología ha avanzado dramáticamente para hacerle más segura, barata y adaptable.

En los países desarrollados la regulación no ha sido lo suficientemente flexible para darle espacio a estas nuevas tecnologías y ahí es donde entra nuestra ventaja comparativa, pudiendo nosotros establecer la nuestra tomando en consideración estos nuevos avances y permitirnos ser un referente en esta materia.

Orlando Gómez Torrez

Orlando Gómez Torrez