¡Que vivan los Reyes!



Los dominicanos se aferran a la tradición que marca el de hoy como el Día de los Santos Reyes, cuando se reedita el episodio bíblico de la cabalgata de Melchor, Gaspar y Baltazar hasta el pesebre donde había nacido él niño Jesús al que agradaron con incienso y mirra.

A pesar de la penetración y fortaleza de la costumbre anglosajona que confiere a Santa Claus el don de distribuir regalos y cumplir deseos en la noche del 24 de diciembre, los Reyes de Oriente todavía cumplen con la divina faena de distribuir juguetes a lomo de corceles y no en trineos voladores halados por renos o ciervos.

Con escasos trazos taínos que sobrevivieron al Descubrimiento y a la Conquista, la cultura dominicana es esencialmente herencia de la hispánica, aun con sobresalientes rasgos de derivados de la africana, por lo que la celebración del Día de los Reyes se interpreta como un acto de fe y defensa de la cultura nacional.

La interacción racional entre cultura ayuda siempre a fortalecer la identidad nacional, pero cuando desde grandes metrópolis se pretende subyugar a otros gentilicios mediante la imposición de sus hábitos, costumbres y tradiciones, entonces de lo que se trata es de un intento de conquista política y económica.

Es por eso que al festejar hoy el Día de los Reyes, los dominicanos resaltan o ponen de relieve a una gran tradición de la cultura y la religiosidad nacional que, lógicamente, contradice a la costumbre de sociedades de helados inviernos donde un monje desde el Polo Norte se encarga de repartir felicidad.

Los Reyes Magos, ni aun guiados por la Estrella de Belén, podrían completar la quimérica tarea de agradar con juguetes a todos los niños y niñas, pero tampoco Santa ha podido cumplir con ese propósito. A lo que se aspira es a que perdure el mensaje de amor e integración familiar que diseminan esos monarcas sin trono.

Es al Gobierno y al Estado a los que corresponde garantizar, distribuir, promover y preservar justicia social y equidad económica para que ningún niño ni su familia sufran hambre, marginalidad, carencia de techo, de empleo digno, de servicios de salud y educación y, claro, del juguete deseado.

Se resalta hoy la celebración del Día de los Reyes, herencia de la cultura hispánica, que forma parte esencial del andamiaje de la cultura nacional, propicia ocasión para reclamar a viva voz que el Estado, Gobierno y sociedad protejan a la niñez dominicana, que sería igual a salvaguardar el futuro de la nación.