Las elecciones municipales, congresuales y presidenciales han pasado y el resultado es ampliamente conocido y es momento de recapitular el proceso y tratar de valorar sus aspectos más positivos (hay bastantes voces que se habrán de ocupar de los negativos).
Veo necesario ofrecer a la Junta Central Electoral, y en especial su pleno, el reconocimiento que merece por haber dirigido con responsabilidad el acontecimiento social y político nacional más trascendente en años.
Lo que ha logrado la JCE, en el año del 101 aniversario de su fundación, es ofrecer un ejemplo al mundo de actuación equidistante y profesional respecto de los partidos políticos y todo ello, en medio de presiones, bombardeos verbales, asomadas mediáticas (redes sociales incluidas), que ahora al final del proceso quedan como huellas que deben avergonzar a quienes las han dejado marcadas a la orilla del camino.

También te podría interesar: El papel de la JCE
Han pasado las elecciones y ahora las miradas se enfocan en los laureles de los ganadores, sin ofrecer el homenaje que merecen quienes hicieron posible un proceso diáfano, responsable, previsor, accesible a las quejas, demandas y sugerencias dotado de responsabilidad al gerenciar con efectividad el complejo montaje de los comicios, montar los colegios electorales, dirigir y verificar el conteo y comenzar a dar en tiempo récord los resultados, ahorrando horas y a veces días de incertidumbre general.
Cada centavo invertido en el montaje de las elecciones se ha utilizado con pulcritud. El ejemplo que ha dado la JCE es modélico.
Es bueno recordar a los protagonistas de este bien llevado proceso: Román Andrés Jáquez Liranzo, presidente; Rafael Armando Vallejo Santelises, Dolores Altagracia Fernández Sánchez, Patricia Lorenzo Paniagua y Samir Rafael Chami Isa, miembros titulares.
Y junto a estos cinco ciudadanos, el conjunto de colaboradores de la JCE que decidió hacer mucho más que cumplir al pie de la letra lo que establecen sus contratos de trabajo.
A su presidente lo he tratado en los diez minutos que duró una entrevista personal (no periodística), en su despacho y que concluyó con una frase crucial de Román Jáquez: “Yo no le doy un voto a nadie. Ni le quito un voto a nadie. El día que me marche de este despacho lo haré con el orgullo del deber cumplido con el país y la historia”.
El país ha dado un ejemplo al mundo al rendirse el informe final de los observadores de nuestras elecciones. ¿Quién premia a la JCE, por lo hecho?